Actitud/respuesta de la cultura Occidental frente al fenómeno OVNI…

 

SIGIL0SAMENTE Y POR DOQUIER

Por Richard M. Dolan

 

A veces uno se tropieza con trabajos muy interesantes con respecto a lo paranormal.  Este es uno de ellos.  No nos hemos tomado el trabajo de traducirlo al Castellano porque carezcamos de material para mostrar en nuestra página sobre “Lo Paranormal y la Cultura”, sino porque en se exponen, de una manera clara y sencilla,  señalamientos sicosociales y socioculturales muy importantes en relación con los tabúes que caracterizan la respuesta general de la sociedad humana  ante aquellos fenómenos que desbordan la capacidad oficial de explicación, con todo lo que ello implica. También expone algo de la historia reciente y del estado actual del problema, razón por la cual hemos considerado necesario  ponerlo al alcance de los lectores de habla hispana.  El original en Inglés apareció en el Volumen 16, Número 4 de UFO/The Science and Phenomena Magazine (Agosto-Septiembre 2001, bajo el título “Everywhere, by  Stealth”). Se  han hecho los trámites del permiso correspondiente para la versión en español.

 

                                                                                                          Miguel Paz Bonells

 

 

Día a día ocurren eventos espectaculares en los cielos, en el espacio, en los océanos y sobre la tierra, que son presenciados por asombrados testigos.  Para muchos de ellos, el choque producido por algo tan extraordinario e inexplicable, representa una experiencia perturbadora que jamás olvidarán.  Sin embargo muy pocos revelan a otros lo que vieron, excepto, quizá, a algún amigo o miembro de la familia.

 

Las cosas que estos testigos presencian, aunque variadas, pueden clasificarse dentro de ciertas categorías.  Veamos un ejemplo típico, que describe un evento ocurrido en Hydes, Marryland, el 15 de Mayo de 1976, pero que sólo fue informado 23 años después al Centro Nacional de Reportes sobre OVNIS,   en Internet.  El testigo que describió el caso estaba con otras cinco personas, todas adultas y profesionales, descansando sobre césped frontal de una granja, después de cenar, a eso de las 7 p. m.   Para su gran sorpresa, vieron aproximarse lentamente una enorme nave circular desde el horizonte, tal vez a 50 o 60 Kilómetros por Hora.   Rotaba lentamente en dirección contraria a las agujas del reloj; en sus bordes exteriores se veían luces blancas.  Los testigos estimaron el diámetro del objeto en unos 300 metros, aunque era difícil distinguir los detalles, debido a la luz solar a esa hora del día.  Cuando el objeto se detuvo sobre ellos, se dividió en cuatro naves pequeñas con forma de cuña.  Entonces, en un abrir y cerrar de ojos, los objetos se dispararon hacia los cuatro puntos cardinales.  Nunca hubo sonido alguno durante el avistamiento.  “Hasta hoy”, afirma el testigo, “no hemos hablado con nadie acerca de esto, ni siquiera entre nosotros”.  Este avistamiento es extraordinario, inexplicable y, de cierta manera, un lugar común.  Los archivos con informes sobre ovnis describen muchos ejemplos de naves silenciosas que se dividen en pequeños  segmentos, para luego alejarse silenciosamente a velocidades asombrosas. No sólo son reportadas por personas comunes y corrientes, sino también por personal militar.  Con respecto a los militares y a los civiles, por lo general el silencio es la regla cuando se trata de ovnis.    El personal militar posee sus protocolos secretos, por supuesto, pero el trauma y el miedo al ridículo son generalmente suficientes para mantener tranquilos a los civiles.

 

Uno desea, sin embargo, interpretar el fenómeno y todo indica que el número de testigos que presencian ovnis están, no en el orden de los miles, sino en el de los millones.  Mientras el asunto es considerado como algo banal o de la mayor seriedad, las personas están viendo cosas que las afectan profundamente. Puesto que no existen estructuras institucionales donde puedan informar, ni siquiera conversar con alguien, deciden guardar silencio acerca de lo que vieron y tratan de olvidar lo que incuestionablemente representa la experiencia más increíble de sus vidas.  Para algunos el tiempo hace eventuales estragos en la fortaleza de sus convicciones, hasta que se convencen a sí mismos de que, tal vez, lo que ellos vieron no era tan increíble… permanecen con la boca cerrada debido a que, por supuesto, temen ser etiquetados de locos, un lujo que muy pocos pueden permitirse.

 

Desarrollo del Problema

 Ver no siempre significa creer, mucho menos entender.  Lo que importa es ver en la perspectiva correcta.  La historia provee demasiados ejemplos de gente que ve cosas, cuya existencia fue negada por autoridades superiores, de gente que percibió cosas antiguas de una manera nueva y fue ignorada.  Galileo no pudo persuadir al papa de que contemplara las lunas de Júpiter a través del telescopio.  En el Siglo 18, la Academia Francesa de la Ciencia, negó que pudieran caer piedras del cielo y rechazó el testimonio masivo de los testigos como tonterías supersticiosas.  Durante la mayor parte del Siglo 20, los científicos rechazaron la deriva de los continentes como una fantasía, a pesar de que las observaciones sugerían que África y Suramérica parecían encajar la una en la otra, compartiendo, de hecho, muchas propiedades geológicas.   Dejando la ciencia por la política, los testimonios se vuelven aún más dramáticos, casi surrealistas.  El Siglo 20 proveyó varios ejemplos de pueblos enteros siendo liquidados, en medio de la negación sistemática por parte de sus asesinos.  Cada vez aparecieron testigos que anunciaron lo que estaba pasando, sólo para obtener el silencio o el desprecio como única respuesta, mientras que naciones enteras como los Armenios, los Ucranianos, los Cosacos, los Judíos, los Eslavos, los Camboyanos, los habitantes de Timor Oriental y los Kurdos, eran reducidos.  La gran cantidad de avistamientos ignorados de ovnis se ajusta a este patrón, cualquiera que sea su naturaleza.   Usted puede haber visto cualquier cosa; usted puede saber lo que sea, pero persuadir frente a las negaciones oficiales es algo enteramente diferente.

 

La respuesta ante los avistamientos de objetos voladores desconocidos evolucionó durante el siglo pasado.  La oleada de naves aéreas de 1897, por ejemplo, reflejó nuestra edad captando el interés público, para luego desvanecerse en el abismo de la memoria colectiva.  Hubo diferencias, sin embargo.  El ridículo oficial era menos importante y nadie hablaba de alienígenas, a no ser por algunas bromas asociadas a los hombrecitos de Marte… y la gente  se presentaba con más frecuencia ante los periódicos locales independientes a decir lo que habían visto.  Principalmente, se daban menos avistamientos de ovnis genuinos y la gente estaba menos consciente del fenómeno, aunque la situación era parecida: no existían oficinas oficiales  que colectaran informes.   En 1897, si usted pensaba que había visto un extraterrestre, tenía que arreglárselas solo.

 

Los avistamientos de eventos anómalos se incrementaron dramáticamente después de la Segunda Guerra Mundial.  Las nuevas tecnologías jugaron, ciertamente, un papel importante.  El Radar y la aviación diseminada por todas partes, por ejemplo, facilitaron la detección de los ovnis.  Es imposible, por lo tanto, declarar concluyentemente, que los ovnis en sí mismos se volvieron más comunes, a pesar de que esta idea es asumida por la mayoría de los escritores que tratan el tema.  Era, sin embargo, razonable suponerlo, debido al incremento de los informes procedentes de testigos basados en la tierra.  Sea como sea, no podemos todavía saberlo y seguirá siendo una suposición.

 

Una cosa está más allá de toda duda: los ovnis se volvieron importantes para nuestros militares y élites políticas.  Esto requería de la colección de la mayor cantidad de inteligencia en el menor tiempo posible y explica la intensa cobertura que le dieron los medios a los platillos voladores, después del avistamiento que tuviera Kenneth Arnold el 24 de Junio de 1947.

 

Durante los meses y años que precedieron el encuentro de Arnold, los Norteamericanos y los Europeos, incluyendo personal militar, habían estado viendo ovnis.  En los primeros años de 1947, por ejemplo, aeronaves militares habían “perseguido” un ovni sobre el Mar del Norte, sólo para ser sobrepasadas y dejadas atrás.   La intensa cobertura periodística que siguió al avistamiento duro dos semanas, animó a la población del país a informar lo que veía y se detuvo abruptamente.  Durante las siguientes dos décadas ciertos programas militares como el Sign, el Grudge y el Blue Book  continuaron aceptando informes del público sin reconocer ningún tipo de crédito, pero dándole un útil servicio a los militares en lo que respecta a la recolección de inteligencia.

 

Desde el final de los 40 hasta el final de los 60, cualquier norteamericano que viera un ovni, podía quedarse tranquilo en la ficción de que su gobierno investigaría el evento.  El Proyecto Blue Book, sin embargo, no era más que  un simple punto de recolección, pues no estaba en capacidad de conducir ningún análisis de fondo y sólo se encargaba de desinformar al público.  Esta deficiencia fue aparente durante los primeros años de la década de lo 50.  Como respuesta, dos grupos privados formidables pudieron competir con el Blue Book en cuanto a la recolección de informes sobre ovnis: el Comité Nacional de Investigación de los Fenómenos Aéreos (NICAP) y la Organización para el Estudio de los Fenómenos Aéreos (APRO).  Esta estructura institucional ayudó a brindar a los testigos de ovnis una patente de legitimidad.

 

Aun así, la mayoría de los avistamientos no fueron informados.  Durante los mejores días del Blue Book el consultor de la Fuerza Aérea, Dr. Allen Hynek, estimó, conservadoramente, que el programa recibía menos del 10% de todas las observaciones de ovnis que tuvieron lugar.  La aceptación de esta lógica significa más de 120.000 avistamientos de ovnis en los E. U. en unas dos décadas y un número mucho mayor de testigos.  A la luz del método falaz creado por el Blue Book para  explicar la mayoría de estas observaciones, debemos concluir, por ahora, que hubo miles y miles de avistamientos de verdaderos ovnis durante este período.

 

La era de la legitimación institucional fue breve.  En la mitad de los años 60, una nueva oleada de avistamientos de objetos voladores no identificados creó  una sensación cercana a la crisis.  El papel del Blue Book  se hizo algo obvio cuando  lo mejor que se le ocurrió, en efecto, fue culpar de los ovnis al gas de los pantanos.  La pérdida de credibilidad ante el público superó cualquier contravalor  que el Blue Book podría haber poseído como lo que era: una agencia para recolectar informes sobre los no identificados.  Por esa razón su liquidación se hizo inevitable y efectivamente murió en 1969.  Irónicamente, al cerrar sus puertas, el Blue Book  debilitó también  sus dos principales competidores, el NICAP y el APRO, ninguno de los cuales, como consecuencia, se recuperó jamás dentro del volátil mercado de los ovnis.

 

Hoy y Mañana

Todo esto nos conduce al momento actual.   Continúa ocurriendo un número asombroso de avistamientos, pero con la diferencia de que ahora no hacen ningún eco en el dominio público.  Oficialmente los militares no admiten la investigación sobre el fenómeno y aunque algunas organizaciones aceptan informes, pocos testigos las conocen.  La más grande organización OVNI de los pasados treinta años, la Red Interactiva Ovni o Mutual UFO Network (MUFON), no puede compararse ni en tamaño ni en calidad con el NICAP ni con el APRO.  El resultado es algo parecido a la situación anterior a la década de los años 40, sin ningún lugar donde pueda acudir el testigo ni respuesta oficial alguna.  Es la situación de nuestros seis amigos, sentados sobre el césped de su granja, observando en silencio, aislados, sorprendidos, mientras un objeto de inimaginable tecnología se desplazaba sobre sus cabezas.  Una vez más debemos arreglárnoslas solos.

 

Tal es, a grosso modo, el desarrollo público de la respuesta humana al problema. Con respecto a los ovnis como tales, con el correr del tiempo se han determinado  algunas características  consistentes:

 

·        Operan secretamente

·        Son silenciosos

·        Están en todas partes

·        No se han identificado a sí mismos

·        Presentan una tecnología imposible según los estándares conocidos

 

Durante décadas la gente ha afirmado que ve alienígenas, que estos los abducen y, ocasionalmente, alegan haberse comunicado con ellos.

 

Entrampada por algo desconocido entre los polos del silencio oficial y el ridículo, la gente ha desarrollado sus propias teorías:

 

·        Están aquí para crear una raza de híbridos, preparando una colonización futura del planeta

·        Son turistas que nos visitan

·        Son científicos que nos estudian, guiados por la directriz primaria de la no-interferencia

·        Están aquí porque les interesan los minerales terrestres o el DNA

·        Son hermanos del espacio que buscan la iluminación de aquellos humanos dispuestos a recibir su sabiduría

·        Están aquí pero son indiferentes a nuestro destino

·        Han estado aquí desde siempre y guiado la evolución humana

 

No hay vía segura para salir del cenagal representado por esta problemática.  Aún el develamiento oficial con respecto a los ovnis, una meta loable, no puede conducirnos, de una manera confiable, hacia una clarificación del problema, pues no se sabe, con certeza, de qué fuentes podría proceder la develación.  ¿Sabe realmente todo el presidente?  Tampoco existe una vía para verificar hasta dónde sería verdadero lo develado.  Las declaraciones oficiales que en el pasado se han referido al fenómeno no inspiran mucha confianza.  En realidad la CIA ha afirmado por años que ha habido revelación, después de admitir un interés en los informes sobre ovnis, como una manera de proteger sus aeronaves clasificadas.  Las revelaciones posteriores a partir de fuentes oficiales, podrían proveer información que se ajusta, en cualquier punto, dentro del largo espectro de la perfección, la precisión, la honestidad y la intencionalidad.  En otras palabras: podríamos, en teoría, recibir información que sea completa, precisa, honesta y en consideración de las mejores intenciones  del público.  O podría tratarse de información incompleta, incorrecta, deshonesta y con la intención de manipularnos.  O algo intermedio.

 

Debemos, igualmente, considerar la probabilidad de que una develación completa y precisa sea imposible.  Nuestros líderes pueden saber un poco o mucho de esto. No existe ninguna razón, sin embargo, para pensar que dominan lo más importante o que mantienen una relación con los alienígenas en algún nivel de paridad.  Si han llegado hasta aquí blandiendo tecnologías muy superiores a la nuestra, es más probable que nuestros líderes no hayan logrado establecer una relación equitativa, ni aprendido más de lo que ellos desean que sepamos.  En este terreno todo podría ser posible.  La dispensación auto-servida de hechos aislados, comprende una gran parte de la historia diplomática de los Estados Unidos y, en realidad, de la historia de la mayoría de las naciones; no hay ninguna razón aparente por la cual deba ser diferente con respecto a una raza avanzada.

 

Asumiendo lo dicho, queda sólo por afirmar que la lucha por la terminación del secreto de los ovnis prevalece como una de las grandes causas de nuestro tiempo.  Equivale prácticamente a una batalla por la verdad, la soberanía y, posiblemente,  nuestra propia supervivencia.  Representa un llamado al valor frente a una amenaza potencialmente grave.  Consiste en combatir del lado bueno, sin considerar las consecuencias.

 

“Combatir” bien puede ser la más apta de todas las palabras.  Basados en nuestro limitado conocimiento del lado oculto de este fenómeno, la humanidad parece estar encarando otra presencia bajo la peor de las circunstancias posibles: la ignorancia y la atomización frente a una posible fuerza sobrecogedora.  La máxima “divide y vencerás” ha sido bien practicada dentro del marco de nuestra propia historia.  Una observación de la respuesta humana ante presencias extrañas sugiere que ellos también conocen esta máxima. *

 

 

* No aparece destacado en negritas en el original