LO PARANORMAL Y LOS MEDIOS II
Entre la ciencia y la creencia existe una ventana que bien podría permitirnos un conocimiento ampliado de la realidad, si el dúo desconocimiento-ideología no se encargara de mantenerla permanentemente bien cerrada.
El conocimiento no pertenece a nadie en particular... la verdad puede verse, si se quiere, como una vivencia compartida, pero - ante todo - debe ser UNA para que sea verdad.
Desde el momento en que la ciencia comenzó a producir tecnología, la sociedad humana comenzó, a su vez, a valorarla. De esta manera el prestigio adquirido por la ciencia ha ido incrementándose a medida que la tecnología va presentando soluciones que nos hacen la vida más productiva, cómoda, divertida, segura e interesante.
No todo, por supuesto ha salido bien. La participación directa o indirecta de la ciencia en productos de muerte y destrucción le ha hecho perder cierto terreno en lo que respecta al mencionado prestigio, pero - en general – los beneficios han sido más constantes, cercanos y aparentes que los males, por lo cual ese prestigio continúa.
Pero la ciencia no se hace sola, la hacen unos hombres quienes se hallan inmersos en un contexto sicosocial, donde la falsa conciencia juega su papel... Así como la historia la escriben, casi siempre, los vencedores, el desarrollo del conocimiento es apuntalado, generalmente, por quienes lo representan oficialmente. Si algunas verdades han sido primero herejías, como en el caso del heliocentrismo planteado por Galileo, ello no es ningún problema para quienes administran el poder.
Discovery Channel es un Canal de Televisión dedicado a divulgar esa ciencia. Dentro del status quo “la ciencia” es una institución representada por científicos, es decir, hombres que hacen ciencia: teóricos, docentes, investigadores, tecnólogos...
Discovery Channel divulga a través de monografías, principalmente dedicadas a la presentación de aplicaciones que esa ciencia controla; en general podríamos decir que su actividad divulgativa gira en torno a la investigación descriptiva, explicativa, experimental y, en un menor grado, correlacional, es decir, que trata de estudiar aquellos fenómenos relativamente desconocidos, que se ha dado en llamar “paranormales”, sencillamente porque no pueden explicarse normalmente, es decir, que esa misma ciencia no está en capacidad -por ahora- de explicarlos.
Últimamente hemos notado una relativa apertura, por parte del mencionado canal, en el sentido de abordar temas anteriormente despreciados por el status, como la reencarnación y el fenómeno ovni, con ánimo de apertura y el aparente propósito de dilucidarlos.
Es interesante analizar las palabras que los productores vienen usando para titular y subtitular estos programas, pues no dejan de revelarnos una postura cuidadosamente estudiada para penetrar un público inquieto y en nada desavisado ya, dado el avance de cierto periodismo que viene explorando exitosamente la temática, principalmente desde España, en lo que respecta al mundo de lengua Castellana.
Las palabras aquí son importantes porque su utilización, como las expresiones gestuales, suelen tener vida propia, pues se trata de códigos representativos de la realidad y la conciencia que de esa realidad posee el hombre, cuyo comportamiento, ideológicamente motivado, no deja de ocultarse a medias en sus juegos verbales.
“Misterios de la Ciencia”... ¿acaso los misterios no eran exclusividad de la religión, ese territorio primitivo donde el conocimiento cedía espacio a la creencia y la lógica a la irracionalidad?. ¿A qué se dedica “Misterios de la Ciencia”, según sus propios diseñadores?: “a divulgar aquellos fenómenos que han causado intriga por cientos de años”, por miles, agregaríamos nosotros... bien, pero ¿acaso por el hecho de que alguien divulgue un fenómeno en nombre de la ciencia, el fenómeno queda, automáticamente explicado?... por supuesto que no: lo que realmente significan, inconscientemente, es que a ellos, los representantes de esa ciencia o - mejor dicho - de ese enfoque particular de lo que debe ser la investigación científica, también les intrigan esos fenómenos un tanto enigmáticos, un tanto desconcertantes, que suelen violar la llamada normalidad, para los cuales esa ciencia aún no tiene explicación y eso está muy bien pues parece indicar que ciertos tabúes comienzan a ceder.
Sinceramente nos parece que esa ciencia ha carecido de humildad, si consideramos, por una parte, esos impresionantes logros tecnológicos y, por otra, los desafueros a favor de la destrucción con que nos ha impactado a lo largo de su papel histórico, vinculado indisolublemente al desarrollo del conocimiento y su contraparte, la realidad social... tal vez esos impactos negativos sean inevitables dentro del libre juego de los actos humanos, pero no así la falta de apertura en un mundo con tantos enigmas aún por resolver. es
El deber de la ciencia es, o al menos debe consistir en desentrañar o “develar todas aquellas preguntas que el corazón humano, o la mente humana, genuinamente se preguntan”: ningún enigma debe escapársele, ningún sector de la realidad debe ser excluido; la verdad es una, la ciencia debe ser una y uno su método: el dialéctico.
Es interesante señalar que cuando los diseñadores de esta clase de programas desean descalificar, por ejemplo, el testimonio humano, elemento probatorio por demás válido y altamente determinante en la ciencia del derecho, entre otras, utilizan el término creyente: “los creyentes esto, los creyentes aquello”... por supuesto, los creyentes existen, posiblemente aún dentro del mismo reino de esa ciencia, ¿acaso no lo han notado?, pero no es bueno generalizar: hay mentes verdaderamente científicas dentro y fuera de los predios...
Realmente esa ciencia, que según Rusell representa lo conocido, tanto como la filosofía lo desconocido, no deja de ser un conjunto prácticamente infinitesimal, dentro de ese otro conjunto infinito de lo ignorado por su creador, el llamado homo sapiens. Pretender que lo controla todo bajo la carpa de su hipótesis general de trabajo es ciertamente necio y ahora comienza a notarlo, precisamente cuando la astrofísica y la cosmología han podido palpar mejor, a la par que la física cuántica, el inmenso reto que significa develar lo que aún no ha sido develado y, sobre todo, a sospechar que el psiquismo y la conciencia pueden interactuar, y suelen hacerlo, con el universo asombroso de las partículas subatómicas, y con ese otro, más asombroso aún, de la molécula viviente...
Dentro de este esquema lo paranormal representa, más que un simple recordatorio, el temor inconsciente que suscitan esas arremetidas aleatorias e incómodas de la realidad no reconocida, en la tranquilidad aparente de un mundo controlado y funcional, que ahora tratan de conjurar mediante una tímida apertura: ya comienzan a consultar el pensamiento de algunos herejes, pioneros de la ciencia futura, que será una ciencia sin dogmas, verdaderamente abierta y dialéctica.
Una vez se le preguntó a Sir Bernard lovell, ex presidente de la Asociación Británica para el avance de la ciencia y notable astrofísico, si la ciencia había fracasado y si debíamos mirar menos hacia las estrellas y más dentro de nuestro propio ser... Física e intelectualmente -respondió- nos encontramos en medio de la inmensidad. La ciencia, por sí misma no es una varita mágica. Tampoco es neutral. El sentido profundo de la investigación científica, está inseparablemente ligado al sentido profundo de la existencia humana. El problema fundamental es si la estructura interna de la sociedad donde se hacen las investigaciones científicas, es capaz de reunir las bases morales necesarias para que el progreso futuro contrarreste las fuerzas que podrían conducirnos a la decadencia y a la destrucción. La visión antigua, religiosa, del universo, ha sido superada, pero aquello que la ha venido sustituyendo ha resultado inadecuado. Tuvimos la ilusión de que la ciencia era el único camino para comprender la naturaleza y el universo. Más aún, hemos creído que la investigación científica tendría siempre resultados prácticos. Vamos a entendernos: La actividad científica es, en sí misma, potente y vital... lo peligroso es confundir el pensamiento científico con los impulsos (negativos) que llevamos dentro.