LO
PARANORMAL EN LOS MEDIOS DE DIFUSIÓN
Por Miguel
Paz Bonells
La ciencia
es tan sólo una gran hipótesis de
trabajo
y
cualquier sector de la realidad, sea esta objetiva o
subjetiva, puede convertirse en su objeto, mientras
apliquemos el método correcto... es por esta razón
que para
estudiar lo paranormal
no es necesario
inventar
ninguna nueva ciencia.
Aunque
existen en el ámbito internacional medios especializados en la
temática
paranormal, como la revista española “Más Allá de la Ciencia”, en
lo que
respecta a los medios televisivos algunos canales, normalmente
dedicados
a divulgar la ciencia para el gran público, han comenzado a
incluir
programas dedicados a estudiar temas que involucran el universo de
aquella
fenomenología que caracteriza el mundo
de “lo paranormal”, para la
cual la ciencia carece, por ahora, de una
explicación racional. Vamos a
referirnos
a “Discovery Channel” para ilustrar un poco lo que deseamos
señalar.
El
conocido canal de televisión dedicado a vulgarizar la ciencia, se ha
convertido,
ciertamente, en una referencia para la televidencia mundial en
el ámbito
de la educación abierta y la divulgación de los descubrimientos
que más
han impactado la sociedad humana. He
oido a alguien afirmar que si
pudiese
escoger un sólo canal de televisión, antes de retirarse a una isla
desierta,
votaría por el famoso “Discovery”...
Aunque
estamos plenamente de acuerdo en cuanto a tales reconocimientos,
especialmente
en los que respecta a la calidad de los
programas, nos
gustaría
señalar algunas implicaciones críticas
algo más difíciles de
dilucidar,
relacionadas más bien con la ideología que pareciera estar detrás
de ciertas
tendencias detectables en aquellos programas sobre temas
clasificables
como paranormales. Debo advertir que
lo aquí planteado posee
carácter
de hipótesis exploratoria, debido a que no se ha realizado ningún
análisis
exhaustivo y - tal vez - no implique
una intencionalidad directa
por parte
de quienes dirigen el medio. Uno se
pregunta en qué medida estos
enfoques
especiales podrían reflejar, aunque fuere subliminalmente, los
esquemas o
mapas de pensamiento, que suelen caracterizar las incursiones que
hacen
ciertos científicos al mundo que está más allá del horizonte
controlado
por ellos.
Discovery
significa descubrimiento, develación, apertura, de manera que
estamos
hablando de un canal de televisión que nos debería descubrir,
develar
las cosas, los objetos de la ciencia, de la realidad, y es así
mientras
los temas caen dentro del dominio de lo
normal, de lo aceptado por
el
establecimiento oficial; pero nos da la impresión de que no ocurre lo
mismo
cuando se enfocan temas clasificables dentro de lo paranormal, dentro
de lo
no-explicado o que está fuera del paradigma imperante. Cualquier
canal como
Discovery, al enfocar todo ese universo de fenómenos
clasificables
como enigmas en vías de explicación por la ciencia, si de una
verdadera
ciencia con metodología dialéctica se trata, debería divulgar sus
sondeos
dentro de una apertura que no nos haga avergonzarnos de lo
desconocido,
porque quien sólo apuesta a lo conocido está limitando, de
hecho, el
desarrollo del conocimiento.
Para
entender lo que significa el establecimiento es necesario tener bien
claro lo
que significa (1) el paradigma y (2) los intereses creados en el
ámbito del
poder y la ideología correspondiente al
estado de cosas actual.
El
paradigma, en términos muy amplios, podría verse como un modelo general
de
comportamiento ideológicamente sustentado, entendiendo por ideología, en
este caso,
falsa conciencia. Podrían existir
paradigmas no sustentados por
ideología
alguna, pero es difícil pensar que esta consideración pueda
aplicarse
al paradigma dentro del cual se desarrollan ciertas tendencias
modernas
de algunos representantes de la ciencia.
Un buen
ejemplo del primer caso de paradigma estaría representado por las
discusiones
sostenidas en España durante la conquista de América, sobre si
los mal
llamados “indios” poseían o no alma. El
modelo consistía en
conquistar
para enriquecer las coronas, es decir, los reyes, al precio que
fuere y
una vez subyugada la cultura-víctima, la cultura invadida, y tomado
(saqueado)
el territorio, había que gobernar y seguir produciendo, lo cual
no
significaba otra cosa que mano de obra:
claro, si los esclavos eran,
además,
“animales”, no habría remordimiento
alguno y todo sería más fácil.
No deja de
ser curioso aquí que la palabra animal quiera decir, según su
etimología,
precisamente lo contrario, es decir, que se
tiene un anima, un
alma.
Ocurrencias
tales como “el derecho divino de los reyes” o
“la carencia de
alma” por
parte de los esclavos potenciales,
provienen de la clase de
ideología
que queremos señalar. Se trata, tal
vez, de un ejemplo pasado de
moda: las
cosas, para los efectos a que queremos referirnos, son, por estos
tiempos,
algo más sutiles y - sobre todo - con argumentos mucho mejor
elaborados
y más sofisticados.
Dentro del
paradigma actual la ciencia y sus aplicaciones tecnológicas
representan
buena parte del poder y del control... quien tenga las finanzas,
la
ciencia, los medios, la religión y las armas (sobre todo, Dios lo sabe,
los
medios), pues sencillamente está en capacidad de imperar. Se trata de
un dominio
donde la ciencia debe explicarlo todo satisfactoriamente y si esa
ciencia no está en capacidad de explicar algo, pues
entonces a ese algo no
se le
reconoce oficialmente existencia. Realmente
no se trata de un
problema
propio de la ciencia, sino de ciertas mentalidades que suelen hacer
ciencia...
Ese
dominio es el establecimiento y se sustenta en “lo conocido”, o
simplemente
en la creencia: es importante reducirlo todo a nuestro
restringido
ámbito dimensional y sensorial, al marco referencial establecido
por
Euclides y Aristóteles. ¿Ovnis como
posibles naves extraterrestres? Qué
va!,
“alucinaciones o recuerdos subconscientes de los traumas perinatales”.
¿Dimensiones
superiores? Pamplinas!, sólo el cielo
para las almas
resignadas... Cuando Carl Sagan hablaba, por ejemplo, de “vida
extraterrestre”, por lo general se estaba refiriendo a aminoácidos, tal
vez a
bacterias o - en el mejor de los casos -
a ciencia ficción, no a
inteligencia;
la inteligencia debería estar muy, pero
muy lejos,
sencillamente
porque, “como todos sabemos”, debe ser dificilísimo atravesar
los vastos
espacios interestelares... ni siquiera desplazándose a la
velocidad
de la luz, pues, “como bien saben los físicos modernos”, se trata
de un
límite infranqueable.
Por algo
la palabra creencia y sus derivadas se repite incontables veces en
la mayoría
de los ensayos que niegan a ultranza la inteligencia fuera del
ámbito
cerebral humano de esta Tierra, como -
por ejemplo - en la obra, Lo
Imaginario
en el Contacto Ovni, título pésimamente traducido, por cierto.
Debería
tenerse siempre presente que la ciencia es tan
sólo una gran
hipótesis
de trabajo y que cualquier sector de la realidad, sea esta
objetiva o
subjetiva, puede convertirse en objeto de una investigación
científica,
mientras apliquemos el método
correcto... es por esta razón
que para
estudiar lo paranormal
no es necesario inventar ninguna
nueva
ciencia, a propósito de quienes han calificado la investigación de los
objetos
voladores no identificados como una pseudociencia.
Es difícil
olvidar la imagen de Arthur Clark, paladín de los programas que
pretenden
desentrañar la verdad tras todos los fenómenos paranormales,
diciendo
con gran énfasis: “Quisiera, antes de morir, que alguien me
demostrara
al menos un fenómeno paranormal verdadero”, o a Henri Broch
“enseñándole
a sus lectores a agudizar su escepticismo y a desarrollar el
espíritu
crítico como armas fundamentales del combate por la razón”... o al
viejo
Asimov, todo cubierto de autoridad científica, metiendo en un mismo
saco a los
charlatanes y a los místicos.
Noviembre
de 1999
Email: mpazb53@hotmail.com