TESTIMONIOS DE LECTURA DEL PENSAMIENTO Y
MATERIALIZACIÓN
Miguel Paz
Bonells
SS
es un sujeto muy especial… por no decir un Ser, porque el término “sujeto”
refiere una subjetividad abstracta y SS es un Ser real, aunque el presente
enfoque sugiere un tratamiento experimental… ella ha significado para nosotros
la posibilidad de presenciar, como testigos de excepción, fenómenos
extraordinarios que hoy justifican plenamente nuestras inquietudes acerca de lo
paranormal y nuestra voluntad de intentar su comprensión. Sabemos que esta fenomenología es negada
sistemáticamente por cierto grupo de escépticos, que en realidad no son tales,
sino negadores a ultranza, creyentes al revés, gente que no está interesada, de
ninguna manera, en que la verdad salga a la luz, sino –por el contrario– en que la humanidad permanezca
confinada en lo que vulgarmente se denomina la tridimensionalidad. Si lo desconocido representa un conjunto
infinito de posibilidades para el desarrollo del conocimiento y del espíritu
humano, ello los tiene sin cuidado, pues sólo les motiva la comodidad que su
querido mundo de “lo conocido” les
proporciona, un mundo sin fisuras, impermeable a la duda y la pregunta. Su
crítica no nos interesa, pues no suele ser constructiva; preferimos ese otro
escepticismo naturalmente generado por la duda inteligente y en capacidad de
transformarse en apertura mental y afán de conocimiento...
El doctor constató la existencia de los dos testigos y advirtió al
sujeto que el experimento estaba a punto de comenzar. Eran las 7 PM del día 13
de Mayo de 1983, en una ciudad venezolana.
A pesar de que se trataba de un ambiente controlado desde el punto de
vista de la ciencia, de un laboratorio especialmente diseñado para investigar
fenómenos paranormales, el caso inminente
que había movilizado al notable parapsicólogo, tal como había sido previsto, no exigía ninguna clase de instrumentación especial, distinta a su
aguda mirada, propia de alguien dedicado, durante muchos años, a verificar
evidencias en el ámbito de una fenomenología que suele desafiar la capacidad
explicativa de los físicos. El doctor,
sin embargo, había dispuesto algunos instrumentos que consideró pertinentes,
entre ellos dos finas cámaras de video y una tercera con película infrarroja. Las personas a punto de intervenir pueden
describirse como sigue:
·
TESTIGO “a”: Mujer de 28 años, soltera, educadora.
·
TESTIGO “b”: Hombre de 40 años,
tecnólogo en Electrónica, conocedor de la materia.
·
TESTIGO “c”: Dama de 29 años, esposa
del testigo”b” y madre del niño.
·
OTRO: Niño de 4 años (presencia
accidental).
· SUJETO: Dama de 37 años, con facultades innatas especiales, capaz de teleportar y
copiar la materia, leer el
pensamiento, levitar, etc
De acuerdo a
lo convenido con el sujeto, el doctor pidió a los testigos “a” y ”b” que
imaginaran, detalladamente, sendos objetos pequeños, como para un obsequio de
cumpleaños, pero guardando absoluto silencio.
Las dos cámaras de video, una
apuntando a la altura de los brazos del testigo “c” y la otra captando una
panorámica del espacio ocupado por los participantes, ya estaban registrando la
escena perfectamente iluminada. Una
tercera cámara, cargada con película infrarroja, enfocando al sujeto, estaba lista para ser activada por el doctor,
quien disponía, además, de un magnetómetro de gran sensibilidad. Todos ocupaban posiciones preestablecidas.
Transcurridos
unos tres minutos, el sujeto se desplazó momentáneamente hasta los testigos “a”
y “b”, para pedirles, separadamente a cada uno, que le “entregaran” en silencio
el objeto que habían imaginado, para lo cual, en cada caso, extendió las manos
en ademán de recibir, sin mediar palabra alguna; luego se volvió hasta ocupar
su posición, que distaba unos dos metros de la del testigo “c”.
Ya en su
puesto el sujeto le pidió al testigo “c” que juntara las palmas de las manos horizontalmente,
advirtiéndole que no debía abrirlas hasta el momento que se le ordenara hacerlo. A los pocos segundos la testigo hizo un
ligero movimiento como para acomodar algo que se había materializado entre sus manos,
mientras el sujeto le recordaba que no debía abrirlas. Seguidamente pidió a los testigos “a” y “b” que describieran su objeto
imaginado.
-
Es un frasquito conteniendo el
perfume francés que suelo usar – dijo
“a”.
-
Se trata de un botón de rosa roja,
con dos hojas y gotas de rocío sobre sus pétalos -agregó “b”.
Una vez
registradas las descripciones el sujeto ordenó al testigo “c” abrir las manos y
todos pudieron apreciar la rosa roja, tal como
había sido descrita por “b”, con el detalle, no imaginado por descuido,
de que parecía haber sido cortada
transversalmente por una hojilla bien afilada.
RESUMEN: El sujeto no sólo fue capaz de leer el pensamiento de
“b”, percibiendo clarividentemente el objeto que había imaginado, sino que -de
alguna manera- lo plasmó físicamente, materializándolo en las manos del testigo
“c”. Está implícita la teleportación de
la materia...
El
experimento anterior no ocurrió en realidad así. Para la mente condicionada por los paradigmas
occidentales -este, tal vez- habría sido el ambiente ideal, capaz de motorizar
la credibilidad ante un fenómeno perfectamente clasificable como paranormal: un laboratorio repleto de
aparatos para comprobar efectos, para verificar que lo que está ocurriendo no
es un engaño y que estamos realmente presenciando algo inexplicable.
A pesar de
todo, ese afán por lo científicamente verificable podría justificarse en una
sociedad sedienta de verdad que, habiendo
aprendido a vivir de la mentira y en la mentira, intuye que esa verdad,
como lo afirmó Jesús el Cristo, puede significar la diferencia entre la servidumbre y la liberación del espíritu: “buscad
la verdad y la verdad os hará libres”.
Según el
filósofo y matemático Pedro Ouspensky, no sólo miente quien niega la verdad,
sino también quien repite, mecánicamente, todas aquellas falsedades funcionales
que suelen sustentar la existencia humana, pero iremos desarrollando este
enfoque sobre el marco de lo ocurrido a lo largo de la narración.
Los hechos,
ciertamente, no ocurrieron en un ambiente así de “seguro”, pero, en
esencia, sí ocurrieron los fenómenos
descritos y nuestro testimonio es importante porque la ciencia actual no está
aún en capacidad de explicar sucesos como los aquí narrados. No estamos afirmando que se trate de nada
nuevo, porque este mundo está sembrado de sucesos extraordinarios por todas
partes: sólo queremos registrar aquellos que hemos podido constatar,
salvándolos para la historia, como testigos de excepción que fuimos de ellos, pero sin ninguna pretensión de
haber logrado pruebas dentro de ambientes controlados, lo cual sería,
repetimos, ideal para un investigador de lo paranormal. Sabemos, de todas
maneras, que ningún ambiente, por controlado que pudiera haber estado, sería
capaz de satisfacer el escepticismo de la mayoría de los lectores, aunque no es
esa nuestra preocupación principal; pero asistamos a otro suceso presentado,
por razones de estilo, de la misma
manera que el anterior.
El doctor le
entregó al sujeto un antifaz para dormir, de esos que obsequian las líneas
aéreas a sus pasajeros en vuelos transcontinentales. Se trataba de uno usado en extremo, recién
extraído de su estuche de plástico transparente. Las mismas dos cámaras enfocan la escena.
El sujeto
palpa la pieza de tela negra por unos instantes y luego, sujetándolo con su
mano derecha, comienza a darle pequeños tirones por el otro extremo con la izquierda,
ya que es zurda.
Repentinamente,
tan rápido que es imposible captar el momento exacto, en su mano izquierda
aparece otro antifaz idéntico pero nuevo... el sujeto acababa de copiar la
materia.
Acto
seguido, por sugerencia del sujeto, la copia del antifaz es expuesta a un
chorro de agua casi durante un minuto sin que se moje en absoluto, lo cual
sugiere una fuerte carga electroestática, pues se trata de fibra sintética,
como el original. En el ínterin se
desvanece una de las dos tiras que,
cosidas con hilo, la pieza trae para sujetarla a la cara; la misma cae
inexplicablemente del techo en el momento en que se trasladan desde el
lavamanos, donde fue mojada, hasta la mesa donde se encuentra el original. Finalmente el sujeto toma el antifaz nuevo y
lo dobla para meterlo dentro del estuche, agregándole el viejo, que había
enrollado y colocado previamente en uno de sus lados: una vez cerrado y puesto
sobre la mesa, el usado desaparece estando aún dentro del estuche cerrado...
poco después la pieza se empapaba normalmente al mojarla.
Todo esto ocurre en un lapso de unos siete minutos. Veamos un último ejemplo, ya abandonando la
imagen de ese laboratorio ideal que nos ha permitido introducir al amable
lector en este universo de fenómenos, a fin de poder ubicarlo en el ámbito de
lo perceptible. Un fenómeno puede ser
cualquier cosa, pero lo es desde el momento en que dicha cosa es percibida por alguien
como imagen, más las sensaciones que ese “algo” produce en la interioridad del
perceptor, aunque lo más interesante es lo imperceptible que obra detrás de
aquello que nos impresiona; pero hagamos referencia a un tercer caso, expuesto de una manera más detallada en
otro lugar de esta Página-Web.
El sujeto le pide a un testigo que junte sus dos manos abiertas, con las
palmas hacia arriba, como para recibir algo que va a caer de sus manos, también
abiertas pero con las palmas hacia
abajo. Las hace girar en círculo,
pidiendo que visualicen el color naranja.
Una cámara funciona, esta vez de verdad, pues tenemos las imágenes y nueve
testigos, dos psiquiatras entre ellos...
Al cabo de algunos segundos una pequeña pirámide impacta en las palmas
del testigo que recibe. Hay emoción en
el ambiente. El sujeto muestra, en la
palma de su mano derecha, la huella que dejó el objeto al salir literalmente de
su piel: una marca en forma triangular, del mismo tamaño que el objeto,
haciendo que la piel brote casi medio
centímetro sobre su nivel normal. En
menos de dos minutos la huella desaparece.
Se trata de una pirámide de jade montada en oro, con una pequeña argolla
para colgar, que salió literalmente de la mano derecha del sujeto a gran
velocidad, marcando un ángulo de sesenta grados. En cámara súper lenta pudimos
ver cómo el objeto impacta, dando varias vueltas sobre la mano receptora. La trayectoria sugiere que
el objeto se materializó justamente después de haber traspasado la piel: de lo
contrario habría producido una herida grave en la mano del sujeto. Es posible, también, que el objeto no haya
lastimado la mano receptora debido a que, de alguna manera, su masa estaba aún
alterada, sobre todo si tenemos en cuenta que provino de un espacio-tiempo
diferente, donde, tal vez, las constantes conocidas no coincidan.
¿Qué significa, desde los puntos de vista de nuestra ciencia y de
nuestra religiosidad, que un cuerpo, en este caso la pirámide o la rosa, pueda,
debido a un acto de voluntad humana, materializarse
de repente en el espacio?
¿De dónde y cómo fueron tele portados o copiados, los citados objetos,
hasta el sitio?
¿Puede esta facultad del psiquismo, o de la conciencia humana ser
instrumentada tecnológicamente?
Y, sobre todo, ¿qué significa, en términos de nuestra física, que un
objeto material pueda ser reproducido a
partir de sí mismo?
¿Estamos en presencia de un milagro y, de ser así, qué es un milagro? O ¿se trata de
actos sólo posibles mediante facultades especiales que cualquier ser humano puede potencialmente desarrollar?
Los fenómenos paranormales lo son, ante todo, porque no tienen
explicación conocida ni cotidianeidad... si las tuvieran serían normales. A veces, por otra parte, las
“explicaciones” dadas a ocurrencias
normales realmente no explican nada, pero funcionan, según una ideología, un dogma o simplemente la costumbre. Pero somos cuerpo y espíritu y lo paranormal puede
ser milagroso cuando refuerza la fe o confirma el mito, tanto como científico
si nos empeñamos en explicarlo después de la duda y la pregunta.
En todo caso, mientras la ciencia y la religión difieran con respecto a lo que realmente ignoran, como lo han hecho hasta ahora, la ansiada
unidad, como quien dice, el dominio de la verdad, no podrá imperar en sus
reinos contradictorios... los
científicos, por su parte, continuarán necesitando una dosis de humildad
superior a la de muchos sacerdotes, si es que en realidad desean llegar a comprender y los sacerdotes algo de ciencia para
equilibrar su dogmatismo, porque, estrictamente hablando, es el hombre un ser
integral, en quien la dicotomía cuerpo –
espíritu no deja de ser aparente.
Llamaremos, por ahora, SS a la dama–sujeto de estos “experimentos”,
mejor dicho, de estos actos extraordinarios, conocedora, seguramente, de
ciertos secretos de la materia y la
energía, a la manera de los místicos o de los pocos privilegiados que, en la
historia, han ostentado u ostentan hoy
facultades especiales.
Pequeña, mostrando una dimensión física inversamente proporcional a su
grandeza interior, incansable y siempre dispuesta a ayudar a quien se lo
demande, SS eligió la medicina tal vez para poder ejercer su anhelo de sanar
sin restricciones. Cuando finalmente se
gradúa, ya ha curado cientos, tal vez miles
de personas como médico y como taumaturgo. La palabra, por cierto, significa
etimológicamente “autor de obras maravillosas” y no está necesariamente
asociada a lo religioso.
Cuando la conocí, en 1977, mi experiencia en lo tocante a los fenómenos
paranormales, era escasa. Asistía a una
exposición sobre los conocimientos que Marla del Socorro Pérez comenzaba a
divulgar desde México, dictada por el periodista “Feibert” en la ciudad de
Maracaibo. Como no había encontrado un
lugar para sentarme, pues el recinto estaba completamente lleno, me llamó la
atención, desde donde me encontraba parado en la parte de atrás, el cabello,
que caía hasta el piso sobre el espaldar de la silla, de una joven que pude
finalmente conocer al término de la conferencia: era SS.
De ese momento en adelante comenzó entre nosotros, más que una amistad,
una especie de reencuentro... y más que
un reencuentro, si se quiere, comenzaron para mí una serie de experiencias que
cambiarían mi noción de la realidad.
Había vivenciado con anterioridad ciertos fenómenos nada comunes, que me
insinuaban, ya, la existencia de mundos
paralelos y energías desconocidas...
estando en la ciudad de Roma, para citar uno particularmente
interesante, me sucedió algo con mi primera esposa, quien esperaba un hijo y
vivía, al momento del suceso, en Caracas, durante el año de 1973.
Por aquel entonces hacía un curso de Radar en una fábrica de equipos
electrónicos ubicada en el kilómetro 14 de la vía hacia Tíboli, en las afueras
de la capital italiana; explorando la edificación había descubierto un lugar en
el segundo sótano, bueno para algún momento furtivo de descanso, oportunidad
que me llegó una tarde, después del almuerzo, movido por un sentimiento
extraño, pues no acostumbro dormir siestas.
Tan pronto hube recostado la silla contra la pared, cerrando aún los
ojos, oí con voz queda pero perfectamente discernible, la voz de ella que me
decía: “perdí el niño”... Salté
inmediatamente de la silla, preocupado, hasta que pude llamar a Caracas, unas 8
horas después, para que mi preocupación se agravara aún más cuando ella me
confirmó, llorando, exactamente con las mismas palabras, que había perdido el
niño. Es interesante señalar que no
podría afirmar que se trató de telepatía, pues escuché la voz fuera del cerebro, es decir por el oído,
como si alguien me estuviera diciendo presencialmente un secreto.
La amistad con SS se inicia normalmente, con el vínculo tácito de un
interés común por investigar lo
espiritual y cierta afinidad en lo que respecta a la psicología, que debería
ser la ciencia del alma y no simplemente el estudio del comportamiento humano,
como actualmente se auto define.
Así transcurren unos cuatro años, después de lo cual el destino nos
separó, pues tuve que mudarme a otra ciudad.
Durante este tiempo, por supuesto, llegué a percibir que estaba frente a
un caso excepcional que bien valía la pena retomar para estudiarlo y dar
testimonio.
Pasado aproximadamente un año la reencontré en una ciudad ubicada sobre
la Costa Oriental del Lago de Maracaibo, a unos 100 kilómetros de la ciudad que
lleva el mismo nombre. SS hacía allí su
pasantía en el hospital local y yo,
casado por segunda vez, me preparaba inconscientemente para comprobar una serie
de hechos sorprendentes...
Nunca olvidaré el primer caso de teleportación que pude presenciar, pues
fue exclusivamente para mí: eran aproximadamente las 9 de la mañana y habíamos
iniciado una conversación sobre materializaciones. Ella trataba de explicarme que el espacio
posee otras dimensiones, cuando me llevó hacia la luz de un ventanal que daba a
la calle, desde el quinto piso de un céntrico edificio marabino, donde estaba
ubicado el apartamento de su madre. Me
pidió que pusiera las manos abiertas como para recibir, mientras ella las
extendía, con las palmas hacia abajo, en ademán de dejar caer algo sobre las
mías; me pidió, además, que abriera bien los ojos, lo cual siempre es bueno e hice
para percibir, a los pocos segundos, que se formaban y caían sucesivamente
sobre mis palmas, tres piedrecitas verdes.
Se trataba de tres pequeñas esmeraldas sin pulir, que un joyero valoró
posteriormente en unos Setenta Dólares, al cambio actual, cosa que hice con la
intención, no de venderlas, sino de tener una opinión autorizada sobre la naturaleza
de las piedras.
En el momento en que irrumpieron o se “materializaron” en el espacio ordinario, sentí una sensación de
frío en el rostro; las esmeraldas aparecieron o se formaron a unos 4 centímetros de las manos de SS,
cayendo por gravedad sobre las mías.
En ese mismo edificio, por cierto, presencié en dos oportunidades, algo
verdaderamente insólito: SS detuvo completamente el ascensor, mientras la luz
interior se apagaba, con sólo pasar su mano a unos diez centímetros de los
botones. Una vez detenido el aparato,
después de frenar bruscamente en alguna posición entre dos pisos, esperaba
sonriendo, durante algunos segundos, generalmente hasta que alguno de quienes
la acompañábamos comenzara a ponerse nervioso, para devolver instantáneamente
la luz y el movimiento descendente (no fue ascendente en ninguno de los
dos casos que presencié) mediante el
mismo movimiento “mágico” de su mano derecha...
Desde ese mismo edificio, también, y esto no hube de presenciarlo aunque
aquí -pienso- sí tiene sentido
haberlo creído (al menos para mí, negador consuetudinario de toda creencia),
SS, parada frente a la ventana, “trajo” desde la farmacia de enfrente,
es decir, tele-portó, cierta medicina
conocida como Linderal, para su madre,
la cual “pagó” debidamente, depositando a distancia el importe impreso sobre la
caja.
Queda aún por narrar otro último episodio, por demás interesante,
ocurrido en el mismo apartamento ubicado aún en
la Calle 72 de la bella ciudad de Maracaibo:
El Sr. M.M., quien a la sazón residía en la ciudad de
Maracay, me había pedido unos días antes en Caracas que le
entregara a SS tres preguntas de índole personal por escrito. Yo llevaba conmigo las preguntas en una
hoja, esperando la oportunidad para entregárselas a SS,
hasta que finalmente esta se presentó. Cuando se las di, apenas me prestó
atención, pues estaba conversando con otras
dos personas, pero las guardó
en el bolsillo
izquierdo de sus "blue-jeans", ya que
-como dijimos antes- es zurda.
Introdujo la hoja doblada sin mirar, movimiento que yo sí
estaba siguiendo atentamente con la vista, pues había intuido que iba a
ocurrir algo... pude ver perfectamente
cuando retiró la mano, notándose la pequeña protuberancia bajo la
tela, debido al espacio que ocupaba el papel. No había quitado mi vista aún del bolsillo, cuando advertí un ligero
movimiento que me indicaba que el papel había desaparecido. Simultáneamente y sin que mediara
comunicación alguna al respecto, SS me miró sorprendida exclamando para
todos: ¿vieron?, mientras señalaba en dirección al techo... -¿vimos qué?
-le dije, a lo que ella respondió: -un rayo de luz azul que vino
hacia mí, mientras se señaló la pierna izquierda. Por supuesto, ninguno de los tres
vio nada, pero el papel sencillamente desapareció
del bolsillo, dirigido al cual, posiblemente,
actuó el misterioso rayo de
energía azul. Aparentemente
fue después de que le llamé la atención que ella constató la
inexistencia del papel en su bolsillo.
Aproximadamente dos meses después, ya con las respuestas
dadas por los Guías de SS,
llamé a M.M. para leérselas, pero las rechazó por considerar
que me burlaba de él cuando, previamente, le conté que el papel con sus
preguntas había desaparecido del bolsillo de SS, antes de que ella
pudiera haberse enterado de su contenido.
NOTA: El Sr. M.M. murió poco después durante el desbordamiento de un Río
en Maracay... A continuación transcribimos el texto de la respuesta, firmada
por uno de los guías: es fácil saber qué fue, qué ha sido y qué
será, porque muy atrás tuviste las mil y una caídas en lo económico y lo
emocional, de alta jerarquización social e infinita irresponsabilidad total. Podemos indicar, por consiguiente, el camino
a tomar y las vías necesarias para llegar al objetivo y propósito final (de
tu existencia) actual.
Deberás pulir etapas no-quemadas
que se repiten incansablemente, mediante ejercicios respiratorios,
psíquicos, emocionales, depurando cada uno de tus cuerpos vitales;
así armonizarás de una vez por todas, casi al final de esta existencia, tus vitris y chacras esenciales;
de lo contrario continuarás arrastrando larvas engendradas por tu psiquis y
muladhara. Estaremos dispuestos a
ayudarte por tu interés, desinteresadamente; tomarás un cuartito de (vaso de) agua al
levantarte y al entregarte a tu sueño nocturno... de esa manera, con nosotros y
en nosotros, armonizarás y contactarás.
Siempre en ti y contigo.
SION
Es interesante señalar, desde ahora, el problema que se presenta con
las palabras a utilizar para describir
los fenómenos presenciados, pues no existen los términos adecuados, debido
precisamente a que esta categoría de fenómenos no ha sido aceptada
oficialmente por la ciencia. ¿Cómo referirse exactamente a lo que ocurre
en el momento en que los objetos irrumpen en nuestro espacio convencional?: ¿”materialización”?,
¿”teleportación”?.... ¿Los objetos se
“forman” o “penetran” en el espacio tridimensional?, ¿posee realmente nuestro espacio tres, cuatro
o “n” dimensiones?, ¿es acertado el término transmutar,
que ella misma emplea, para calificar el fenómeno? El
problema es tan apasionante que le vamos a dedicar un trabajo especial
para intentar abordarlo desde el punto de vista de la ciencia.
Hoy SS cura como médico moderno y también a la manera de los antiguos
médicos de cuerpos y almas quienes, sabiendo ver más allá de lo que permite
el fotón, podían precisar la causa interna de las
dolencias y la muerte. Y para curar, hay
cientos de testigos que lo certificarían así, recurre prudentemente a sus
maravillosas facultades, materializando a veces el producto exacto que regenera
el tejido o equilibra las energías para que la salud brille de nuevo,
involucrando siempre, de alguna manera, la noción de una justicia superior, la
cual decide, finalmente -según ella-, el éxito o no de su intervención...
generalmente prescribe medicinas de patente y ordena pruebas normales de
laboratorio a sus pacientes. Otras
veces, con el amor y la sonrisa logra estimular en el paciente la voluntad de
vivir, síndrome que, generalmente, mata de una manera inconsciente, tanto como los virus, las bacterias o los
desórdenes secretos de la célula.
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