LA HIPERDIMENSIONALIDAD DEL ESPACIO
"Las respuestas a los impenetrables misterios de la vida y del universo debemos encontrarlas en los arcanos de lo invisible"...
A través de sus diversas expresiones culturales, especialmente en el ámbito de la religiosidad, la humanidad siempre ha insistido, abierta o veladamente, en la existencia de “otros mundos”, expresiones que hallan eco en las mitologías, las creencias y, particularmente, en la noción de un cielo donde moran las divinidades y -en última instancia- Dios, el Ser Supremo.
Durante el Siglo XIX y a principios del XX. Escritores como Edwin Abbott y Gustav Theodor Fechner asociaron esos mundos posibles con la idea de una “Cuarta Dimensión”, sugiriendo teorías manejables desde el punto de vista científico.
Si la Cuarta Dimensión Espacial no tuviese realidad, nuestro espacio sería, de todas maneras, multidimensional, pues de hecho la ciencia reconoce por lo menos tres dimensiones, a saber: largo, ancho y alto.
A partir de las llamadas “Geometrías no Euclidianas”, desarrolladas principalmente durante el Siglo IXX por matemáticos como Gauss, Rieman, Lovachebsky, Boliay, etc., se llegó a manejar, al menos teóricamente, no sólo cuatro dimensiones, sino otras dimensiones superiores... autores modernos como Pedro Ouspensky, Rudy Rucker, etc., han escrito libros enteros sobre el tema, que pueden ser adquiridos y analizados por cualquier persona que desee indagar sobre el tema. La reciente obra de Schabbath van Nes Ziegler, titulada Teoría del Universo Multidimensional (C.S.Z.-Editor/Barcelona), "nos aporta una visión del cosmos y de la vida que aturde los cimientos sobre los que fundamentamos nuestra existencia, tanto por su pedagógica exposición científica como por su profundo misticismo”.
El espacio en sí mismo, es decir el espacio abstractamente considerado, es lo que podríamos llamar “una matriz de creación”, capaz de contener infinitas dimensiones. No se ha determinado si las dimensiones resultan, como los mundos, exclusivamente de la interacción entre un psiquismo y su entorno, concretando lo que algunos psicólogos denominan “nivel de realidad”... De no ser así, cada cada ser existente en una dimensión dada existiría simultaneamente en todas las dimensiones posibles, pudiendo ser percibido seccionalmente desde cada mundo dimensional.
En este punto es conveniente distinguir el uso del término “Cuarta Dimensión” con respecto a la Física Relativística de Einstein y la Geometría del espacio. Einsten definió el tiempo como una Dimensión más porque se dio cuenta que no se podía prescindir de él para determinar la situación de un cuerpo en el espacio ordinario; tal vez si empleamos la palabra evento en lugar de cuerpo la noción se haga más fácil de entender, debido a que todo cuerpo posee una historia, es decir, tiene comienzo. Si alguien lleva, por ejemplo, un escritorio al tercer piso de un edificio, para encontrarlo hay que referir las tres dimensiones clásicas y la hora en que estará allí, de manera que el tiempo, al ser considerado como una cuarta coordenada, representa de hecho la famosa Cuarta Dimensión, sin que por ello hayamos salido del espacio convencional.
Para Newton el tiempo y el espacio podían tratarse separadamente pero Einstein comprendió que el tiempo realmente era una coordenada más, justamente la Cuarta Coordenada, tan inseparable de las otras tres (largura, anchura y altura) que formaba, junto con ellas, lo que él llamó un continuo (inseparable), es decir, una continuidad de 4 dimensiones, en lo que respecta al espacio.
Con esto queremos significar que, estrictamente hablando, la denominada por la ciencia “Cuarta Dimensión”, es decir el tiempo (t), está “aquí” mismo y determina, junto con las tres dimensiones clásicas , largo, ancho y alto (x, y, z en el lenguaje de las matemáticas) lo que Einstein denominó, tomando el término del matemático lituano Herman Minkowsky, “Continuo Espacio-temporal Tetradimensional” o simplemente espacio-tiempo. La Cuarta Dimensión Espacial, empero, es algo que nos lleva a concebir otra realidad paralela o alterna.
Por supuesto que en la física pre-relativística (newtoniana), como lo afirmamos arriba, se pensaba que nuestro espacio era tridimensional (el tiempo se consideraba independiente del espacio), por lo cual el término “Cuarta Dimensión” realmente no se refería al tiempo como cuarta coordenada, sino a un universo paralelo posible, que ya ha sido tratado teóricamente desde el punto de vista matemático, es decir, a un espacio-tiempo diferente al nuestro pero inmediato o coexistente, donde el problema de las dimensiones debe ser reconsiderado y el tiempo (t’) no se correspondería con nuestro tiempo ordinario.
Con esto afirmamos que la “Cuarta Dimensión Espacial o Geométrica” nos refiere, insistimos, a otro espacio-tiempo, dentro del cual la materia se volvería INVISIBLE e INPERCEPTIBLE para nuestros sentidos comunes. En nuestro espacio convencional -repetimos- La Cuarta Dimensión propuesta por Einstein, es decir el tiempo, sólo podría implicar alteraciones al considerar distancias siderales, como en el caso de la luz procedente de estrellas lejanas, cuya imagen no representa el presente sino el pasado de dichas estrellas, determinado por su distancia en años-luz de nosotros.
Una reflexión muy interesante en relación con este hecho es la de que, de alguna manera, el pasado está en el presente debido a la velocidad de la luz en el ámbito galáctico, pues las imágenes de las estrellas que podemos contemplar en una noche clara son, en realidad, imágenes que se corresponden con diferentes momentos del pasado. Cuando vemos Las Pléyades, por ejemplo, estamos percibiendo la imagen que este grupo estelar presentaba hace quinientos años, es decir que si hace cien años hubiese habido una gigantesca explosión en Alcione, su estrella principal, apenas podríamos enterarnos dentro de cuatrocientos años.
Ahora bien, ¿cómo explicar el comportamiento especial de la materia al pasar a ese otro espacio-tiempo que es la Cuarta Dimensión Espacial?. Para arrojar alguna luz sobre este punto es necesario hablar un poco de lo que significa el mundo fenoménico, es decir la representación compartida que nuestros sentidos permiten que nos hagamos de la realidad en la cual estamos inmersos y de la cual somos parte.
Los llamados fenómenos no existen por sí mismos, sino que resultan para un sujeto cuando el mismo percibe, es decir, cuando sus sentidos captan algo, generalmente a través de una imagen. Si consideramos por una parte que los rangos de captación de nuestros sentidos son limitados (sólo vemos en longitudes de onda de 4 a 7 Mil Unidades Amstrong y no oímos sonidos por encima de los 20 Kilohertz) y por otra que la naturaleza de la materia/energía es determinante en lo que respecta a su perceptividad (no vemos ciertos cristales que nos son transparentes ni percibimos en absoluto las radiaciones electromagnéticas), comprenderemos que sería suficiente un cambio de parámetros en el ámbito atómico para que un objeto material deje de ser aprehendido por nuestro aparato perceptor, que incluye de hecho el sentido del tacto, porque el verdadero problema no radica en la invisibilidad sino en la intangibilidad del objeto que experimenta, sea por causas psíquicas o tecnológicas, el paso a la referida realidad hiperdimensional.
Aparentemente la materia en general puede experimentar cambios en su naturaleza mediante la aplicación de campos de energía de orden físico o psíquico, como ha sido presenciado por el autor en relación con ciertas demostraciones, en las cuales un sujeto produce teleportaciones a voluntad mediante facultades psíquicas especiales... la influencia normal de la mente sobre la materia, por otra parte, está absolutamente reconocida por la ciencia bajo la denominación de “efectos psico-somáticos”, al menos en lo que respecta a la materia viviente, ya que la telequinesia, es decir, los movimientos que ciertos psiquismos pueden imprimir a objetos inertes, es tan extraña que su estudio, de hecho, se sitúa dentro de lo paranormal..
Con lo expuesto queremos dejar planteada la posibilidad de que la elusividad del llamado "fenómeno OVNI", bien puede estar relacionada, como ya lo insinuara el Dr. J. A. Hynek (1910-1986), con la existencia de uno o más espacio-tiempos o realidades alternas que albergarían mundos como el nuestro, o tal vez superiores, con sus humanidades, tecnologías, etc., lo cual no representa nada nuevo como planteamiento en la historia del conocimiento.
Recientemente la prestigiosa revista de divulgación científica, "Conozca Más" (Año 9 #5) cita, en un artículo denominado precisamente "Mundos Paralelos", al científico húngaro Ervin Laszio, investigador y docente de las universidades de Yale y de La Sorbona, quien en su obra "La Gran Bifurcación" dice, refiriéndose a los nuevos paradigmas de la ciencia: "El hombre ya no puede predecir lo impredecible ni tampoco intentar explicar lo inexplicable. Sabe demasiadas cosas sobre sí mismo y sobre el mundo donde habita como para poder hacerlo. Solamente se aproximará a la verdad si deja de lado las viejas herramientas que acabaron por encarcelar su pensamiento en los estrechos límites de lo palpable y lo mensurable"...
Es decir, que el ser humano está alcanzando ya al límite de su poder explicativo y predictivo en lo que respecta a la física y al mundo viviente, desde la tridimensionalidad euclidiana y los rígidos esquemas de pensamiento que se ha impuesto desde Aristóteles... Ha llegado la hora, como lo señala finalmente el autor del trabajo citado, de que las respuestas a los impenetrables misterios de la vida y el universo deban ser encontrados en los arcanos de lo invisible.