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"¿Cómo llega aquí la nave espacial?, ¿Cuáles son sus sistemas "Podemos seguir
tratando de hacer que
el fenómeno encaje |
Jhon E. Mack es un prestigioso psiquíatra norteamericano de la Universidad de Harvard y autor de un estudio muy interesante sobre trece presuntos casos de abducción por "extraterrestres", tItulado CONTACTOS en la versión Castellana del Círculo de Lectores (Editorial Printer, Bogotá, 1995), a pesar de que en el original Inglés el nombre de la obra significa precisamenre Abducciones, es decir, Secuestros.
Estamos ante una obra
muy bien desarrollada y coherentemente escrita, fruto de una investigación que
"explora fenómenos que existen en las fronteras de la realidad" como
son las llamadas "abducciones por OVNI", utilizando como herramientas
principales la psicología profunda y la sofrología, a lo largo de la cual Mack
va haciendo una crítica extraordinaria y desgarradora de los valores y la
ideología que sustentan la cultura occidental,
cuyas conclusiones deberían hacernos reflexionar. La referida crítica alude, sobre todo, a la
actitud soberbia y un tanto obscurantista, por parte de quienes detentan los
poderes, que ha impedido que la verdad que se oculta tras el denominado
"fenómeno OVNI" sea sacada a plena luz para que pueda ser analizada
por la inteligencia humana común y corriente.
Veámoslas.
* * *
Es
imposible ignorar el hecho de que el fenómeno de la abducción por OVNI tiene
lugar dentro del contexto de una crisis
planetaria de importantes proporciones.
La ambición y el poder humanos, que las tecnologías que devastan el
ambiente de la Tierra han contribuido a hacer invencible, están llevando los
biosistemas del planeta al borde del colapso.
Los esfuerzos por detener este proceso son evidentes en todos los
niveles, mas la tendencia destructiva generalizada continúa. Las abducciones parecen relacionadas ante
todo con dos proyectos conjuntos: cambiar la conciencia humana para evitar la
destrucción de la vida de la Tierra y reunir dos especies para la creación de
una nueva forma evolutiva.
En
mi trabajo con las abducciones por OVNI nada me ha sorprendido tanto como el
descubrimiento de que lo que ocurría en la Tierra no pasaba inadvertido en el
universo. El hecho de que la Tierra
misma, y su potencial destrucción, pudiera tener un efecto fuera de sí misma o
de su ambiente estaba totalmente alejado de la cosmovisión en la cual me
eduqué. Pero a partir de la información
que reciben los secuestrados, parecería que este planeta tiene valor o
importancia en un sistema cósmico más amplio e inter-relacionado que refleja la
interconexión de la vida en la Tierra.
El fenómeno de la abducción extraterrestre representa, entonces, una
suerte de iniciativa correctora...
Casi
todos los secuestrados reciben información sobre la destrucción del ecosistema
terrestre y se sienten impulsados a hacer algo al respecto. Pero, como hemos visto en los casos
estudiados, no lo reciben de una manera meramente cognoscitiva, como una
conferencia. Los secuestrados ven
fuertes imágenes de una destrución gigantesca, con el colapso de las
infraestructuras nacionales y económicas, más la contaminación y el abandono
total del planeta. Sienten este
conocimiento en sus cuerpos de una manera muy profunda, y me ha emocionado
muchísimo el verlos sollozar en el diván y sentir dolores tan intensos que
apenas pueden hablar sobre el tema: se trata del tipo de conocimiento que debe
traducirse en acción...
La
cosmovisión científico/materialista occidental ha tenido un éxito enorme en sus
exploraciones del mundo físico, revelando muchos de sus secretos y usando este conocimiento en pro de
objetivos humanos. Hemos superado la
crudeza del invierno, reducido el sufrimiento a través de los avances de la
medicina y aprendido a comunicarnos electrónicamente con quienes se hallan muy
alejados.
Aplicamos,
al mismo tiempo, nuestro conocimiento a
crear armas de aniquilación que en este momento pueden destruir con facilidad la vida tal como la
conocemos. Nuestra utilización de la
tecnología moderna para extraer los recursos de la Tierra ha puesto la
biosfera - repetimos - al borde del
colapso. Somos una especie que no está
en armonía con la naturaleza, que se ha excedido en la complacencia de sus
deseos a expensas de otros seres vivos y de la Tierra que nos dio la vida.
La
tarea de revertir esta tendencia es enorme.
Pese a reconocer el peligro que creamos, los intereses que obstaculizan
el camino para hallar un equilibrio en nuestra relación con la naturaleza son impresionantes. Gigantescas instituciones empresariales,
científicas, educativas y militares consumen muchos miles de millones de
dólares en bienes materiales y mantienen, estúpidamente podría decirse, un
status quo paralizante que es muy difícil de revertir, pues da a veces la
impresión, analizando el comercio internacional, de que el mundo no es más que
un mercado gigante a repartir entre los empresarios más astutos.
Existen,
con todo, intereses psicoespirituales que se resisten al cambio y que son quizás
aún más poderosos que los materiales.
Estos intereses se reflejan en el apego a la noción de que las leyes
físicas que conocemos pueden describirlo todo y que si otros seres habitaran el
cosmos se comportarían más o menos como nosotros.
El
programa estatal SETI (Search for
Extraterrestrial Intelligence) de los
Estados Unidos, que actúa partiendo del supuesto de que podría encontrarse
inteligencia extraterrestre enviando ondas de radio al universo o tratando de recibir emisiones
radioeléctricas de posibles civilizaciones galácticas, ilustra este
prejuicio. La posibilidad de que las
inteligencias avanzadas optaran por no comunicarse con nosotros a través de una
apertura tecnológica tan pequeña o limitada, buscando quizás la apertura más
plena de nuestra conciencia, parece no haber pasado por la mente de sus
inventores. * El contacto abierto - afirmaba ya Aimé
Michel en los años sesenta - ha sido sistemática y temporalmente eludido,
habiendo tenido lugar secretamente, pero puede haberse establecido abiertamente
a nivel “espiritual”, de una manera imperceptible para nosotros, probablemente
desde el psiquismo de ellos, sin que podamos percibirlo en nuestro presente.
Como
bien señala el filósofo Terence McKenna:
"Esperar con gran espectativa una señal de radio de una fuente
extraterrestre constituye tal vez una presunción tan ligada a nuestra cultura
como recorrer la galaxia para encontrar un buen restaurante italiano
(1991)". * O, parafraseando una broma irónica dicha por un miembro del Congreso
norteamericano a propósito del presupuesto para financiar el SETI, podríamos
añadir: si los humanos persisten en detectar inteligencia extraterrestre a
partir de la posible recepción de ondas de radio emitidas por alguna estación
estelar, entonces se debería iniciar una búsqueda de inteligencia entre la
comunidad científica oficial de la Tierra, pues una de las limitantes físicas
que debe ser aceptada en este sentido, es la de que la velocidad de la luz es
demasiado lenta para la comunicación intra e intergaláctica. Con seguridad deben existir otros medios
que permitan el diálogo, como aparentemente lo sugiere la presencia de las naves aquí en la Tierra, en lo que
respecta al cómo salvar las inmensas distancias normalmente medidas en
años-luz.
No
tengo demasiado claro por qué estamos tan apegados a nuestras formas de ver el
mundo. Tal vez un paradigma científico
abarcador, como cualquier ideología, dé una sensación de dominio y poder. El misterio y la sensación de no saber son
la antítesis de la necesidad de mantener el control y a veces parecen inspirar
el terror que tenemos de fragmentarnos, como la rana del cuento tibetano, al
enfrentar un universo demasiado vasto para comprenderlo.
ESTO
PODRÍA EXPLICAR POR QUÉ LA ÉLITE INTELECTUAL Y POLÍTICA, EN NUESTRA CULTURA,
ESTÁ MÁS PROFUNDAMENTE EMPEÑADA EN PERPETUAR LA VISIÓN MATERIALISTA DE LA REALIDAD. El fenómeno de la abducción extraterrestre, que afecta el núcleo
mismo del paradigma occidental y nos revela que no poseemos control ninguno, es
más aceptado en el nivel llano que
entre los individuos más intelectuales o culturalmente sofisticados, pues, en
gran medida, la élite científica y estatal y los medios de comunicación
selectos que controla, son quienes determinan qué debemos considerar como real,
dado que estos monolitos son los principales beneficiarios de la ideología
dominante.
Esta "política de la ontología" (Mack, 1992) constituye, pues, la arena primordial donde deben enfrentarse la realidad y el significado del fenómeno de la abducción por OVNI. Hasta que podamos tomar conciencia de su significado potencial para nuestra vida individual y colectiva tiene que ser tomado en serio y trasladarse de los diarios sensacionalistas a la corriente más amplia de la sociedad para que los medios de comunicación logren abandonar su tono despectivo.
Para
nuestro gobierno y otros gobiernos del mundo, el fenómeno de la abducción
plantea un problema especial. Es,
después de todo, obligación del Estado proteger a su pueblo y, para los
funcionarios, reconocer que seres extraños provenientes de naves que desafían
los radares y cuestionan las leyes de la gravitación y la idea misma de
espacio-tiempo pueden llegar a invadir nuestras casas o secuestrar a nuestra
gente creando problemas especiales.
Esto
puede explicar por qué la política gubernamental en materia de los Objetos
Voladores No Identificados ha sido, desde el principio, tan confusa: una
especie de mezcla maliciosa de negación
y encubrimiento que no hace más que favorecer las teorías de conspiración.
El
fenómeno de la abducción tiene, además, otras derivaciones políticas. La política local, nacional e internacional
es, después de todo, un juego de poder.
Buscamos el poder para dominar, controlar o influir una determinada
esfera de acción. Pero el fenómeno de la abducción, al demostrar que controlar
es imposible, absurdo incluso, y
revelar nuestra identidad más amplia en
el universo, nos invita a descubrir el significado de nuestro "poder"
en un sentido más profundo y espiritual.
El
conflicto etno-nacional, que deriva en definitiva del hecho de que nos definimos
exclusivamente en términos regionales, parroquiales (lo que Erik Erikson
denomina “pseudoespeciación”) es fuente de enorme sufrimiento y representa una
gran amenaza para la supervivencia del ser humano. * El parroquialismo a que alude el Dr. Mack se
relaciona con la ausencia, por parte de la gran mayoría de la humanidad, de una
conciencia planetaria, la cual es imposible sin una conciencia de la vida. Puede hablarse con propiedad de una
incapacidad, demostrada históricamente,
para ponerse en lugar de los otros, para percibir la proximidad del otro
semejante y sentirlo fraternalmente, para comprender, en fin, que la Tierra es
nuestro único hogar, el hogar común de los seres vivientes que poblamos la
superficie de este organismo planetario.
La
identidad más global, interconectada, incluso, cósmicamente, que está implícita
en el fenómeno de la abducción por OVNI podría, por lo menos, distraernos de
nuestras interminables luchas por la posesión y el dominio de la Tierra. En el mejor de los casos podría sacarnos de
nosotros mismos y conducirnos a aventuras cósmicas potencialmente infinitas,
pero todo depende de que se tome en serio el fenómeno y sus derivaciones.
Las
derivaciones económicas del fenómeno de la abducción son inseparables de las
políticas. La pérdida de un sentido de lo
sagrado, la devaluación de la inteligencia y la conciencia de la naturaleza más
allá de nosotros mismos, han permitido que los más fuertes exploten los
recursos de la Tierra sin tener en cuenta las generaciones futuras.
El
crecimiento desmedido pasó a ser un fin en sí mismo, como recitan
interminablemente los informes de los “indicadores”
económicos, ignorando el colapso inevitable, que no puede estar muy lejos si
continúa la multiplicación descontrolada de la población humana y no se detiene
el saqueo de la Tierra.
Si
no se controla el impulso adquisitivo (eufemísticamente llamado “fuerzas del
mercado”), las desigualdades en la distribución de alimento y otros bienes que
quedan pueden profundizarse y originar
un caos potencial, una guerra sin límites.
El fenómeno de la abducción por OVNI no aborda este tema en forma
directa. No nos “salva”, no puede salvarnos. Pero como veremos en un momento, parece
hallarse estrechamente ligado a la naturaleza de la ambición humana, las raices
de nuestra destructividad y las consecuencias futuras de nuestro comportamiento
colectivo.
Para
los secuestrados y para el resto de nosotros, si prestamos atención, los
encuentros son profundamente esclarecedores en el sentido más pleno. El fenómeno plantea, además, un problema
particular para algunas religiones organizadas. Desde los comienzos de la historia, algunos grupos de seres
humanos, al reconocer el poder y los potenciales peligros de las fuerzas
espirituales “externas”, asumieron la tarea de guiarnos a través de las “cuestiones
últimas” (Zock, 1990) de la vida. Los líderes
religiosos nos instruyen acerca de la naturaleza de Dios y determinan para
nosotros qué seres espirituales y otras entidades pueden existir en el cosmos. La Iglesia Católica en la Edad Media, por
ejemplo, en su celo por imponer una especie particular de monoteismo basado en
la trinidad, suprimió de una manera muy despiadada el politeismo que veneraba
la naturaleza en la mayor parte de Europa.
* La misma suerte, podríamos añadir, corrieron las poblaciones
preamericanas (o pre-kuauhtémicas, como las refiere el autoctonismo mexicano)
al enfrentarse a la invasión de los españoles, que avasallaron sin piedad, principalmente, los territorios y la
cultura del antiguo Anahuak, cuyos
pobladores rendían culto a Tonanzin, la Madrecita, la Tierra-madre.
Es escaso el lugar que puede haber, en especial dentro de la tradición judeo-cristiana, para una variedad de seres pequeños y simples pero poderosos, que administran una curiosa mezcla de trauma y trascendencia, sin consideración aparente por la jerarquía o la doctrina religiosa establecida. Una cosa es reconocer que el “espíritu” habita el universo y “no estamos solos”, y otra muy distinta que “el espíritu” se muestre de una manera tan extraña y amenazadora, creada en parte a su propia imagen. En el mejor de los casos esto resultaría desconcertante y difícil de integrar... en el peor, para la percepción polarizante del dualismo cristiano, estos seres de ojos oscuros deben parecer los compañeros de juego del diablo (Downing, 1990). Las tradiciones religiosas orientales, como el budismo Tibetano, que siempre ha reconocido una vasta gama de entes espirituales en el cosmos, parecen tener menos dificultad para aceptar la realidad del fenómeno de la abducción por OVNI que los monoteismos dualistas.
* Las palabras del Dr. Mack parecen sugerir que los constantes protagonistas de las
abducciones representan una categoría de pequeños humanoides de piel grisásea y
grandes ojos, que no la tipología de humanos rubios que se suele asociar,
principalmente, con el cúmulo estelar de Las Pléyades, dentro del estudio de los
contactos.
* Las itálicas y los subrayados son del autor del artículo y no del Dr. Mack.