INTERVENCIÓN EXTRATERRESTRE Y EVOLUCIÓN HUMANA...

DERIVACIONES POLÍTICAS, ECONÓMICAS Y RELIGIOSAS

 

Síntesis y notas por Miguel Paz Bonells

 

"¿Cómo llega aquí la nave espacial?, ¿Cuáles son sus sistemas
de propulsión?,  ¿Cómo aceleran o cambian de dirección desa-
fiando, en apariencia, l as  leyes de gravitación?,    El fenómeno
a los viejos enigmas tecnológicos: ¿Cómo, por ejemplo, hacen
los extraterrestres para  pasar gente  a través de las paredes?"

"Podemos  seguir  tratando  de hacer  que el fenómeno encaje
en  el  mundo  tal  como lo   conocemos, acomodándolo a una
especie de  lecho  de   Procusto  de  la realidad consensual".

 

 

                                                                                                            

 

 

 

 

 

Dr. John E. Mack

 

Jhon E. Mack es un prestigioso psiquíatra norteamericano de la Universidad de Harvard y autor de un estudio muy interesante sobre trece presuntos casos de abducción por "extraterrestres", tItulado CONTACTOS en la versión Castellana del Círculo de Lectores (Editorial Printer, Bogotá, 1995), a pesar de que en el original Inglés el nombre de la obra significa precisamenre Abducciones, es decir, Secuestros. 

 

Estamos ante una obra muy bien desarrollada y coherentemente escrita, fruto de una investigación que "explora fenómenos que existen en las fronteras de la realidad" como son las llamadas "abducciones por OVNI", utilizando como herramientas principales la psicología profunda y la sofrología, a lo largo de la cual Mack va haciendo una crítica extraordinaria y desgarradora de los valores y la ideología que sustentan la cultura occidental,  cuyas conclusiones deberían hacernos reflexionar.  La referida crítica alude, sobre todo, a la actitud soberbia y un tanto obscurantista, por parte de quienes detentan los poderes, que ha impedido que la verdad que se oculta tras el denominado "fenómeno OVNI" sea sacada a plena luz para que pueda ser analizada por la inteligencia humana común y corriente.   Veámoslas.

                                                              *    *    *

 

Es imposible ignorar el hecho de que el fenómeno de la abducción por OVNI tiene lugar dentro del contexto  de una crisis planetaria de importantes proporciones.  La ambición y el poder humanos, que las tecnologías que devastan el ambiente de la Tierra han contribuido a hacer invencible, están llevando los biosistemas del planeta al borde del colapso.  Los esfuerzos por detener este proceso son evidentes en todos los niveles, mas la tendencia destructiva generalizada continúa.  Las abducciones parecen relacionadas ante todo con dos proyectos conjuntos: cambiar la conciencia humana para evitar la destrucción de la vida de la Tierra y reunir dos especies para la creación de una nueva forma evolutiva.

 

En mi trabajo con las abducciones por OVNI nada me ha sorprendido tanto como el descubrimiento de que lo que ocurría en la Tierra no pasaba inadvertido en el universo.  El hecho de que la Tierra misma, y su potencial destrucción, pudiera tener un efecto fuera de sí misma o de su ambiente estaba totalmente alejado de la cosmovisión en la cual me eduqué.  Pero a partir de la información que reciben los secuestrados, parecería que este planeta tiene valor o importancia en un sistema cósmico más amplio e inter-relacionado que refleja la interconexión de la vida en la Tierra.  El fenómeno de la abducción extraterrestre representa, entonces, una suerte de iniciativa correctora...

 

Casi todos los secuestrados reciben información sobre la destrucción del ecosistema terrestre y se sienten impulsados a hacer algo al respecto.  Pero, como hemos visto en los casos estudiados, no lo reciben de una manera meramente cognoscitiva, como una conferencia.   Los secuestrados ven fuertes imágenes de una destrución gigantesca, con el colapso de las infraestructuras nacionales y económicas, más la contaminación y el abandono total del planeta.  Sienten este conocimiento en sus cuerpos de una manera muy profunda, y me ha emocionado muchísimo el verlos sollozar en el diván y sentir dolores tan intensos que apenas pueden hablar sobre el tema: se trata del tipo de conocimiento que debe traducirse en acción...

 

La cosmovisión científico/materialista occidental ha tenido un éxito enorme en sus exploraciones del mundo físico, revelando muchos de sus secretos y   usando este conocimiento en pro de objetivos humanos.  Hemos superado la crudeza del invierno, reducido el sufrimiento a través de los avances de la medicina y aprendido a comunicarnos electrónicamente con quienes se hallan muy alejados.

 

Aplicamos, al mismo tiempo,  nuestro conocimiento a crear armas de aniquilación que en este momento pueden  destruir con facilidad la vida tal como la conocemos.  Nuestra utilización de la tecnología moderna para extraer los recursos de la Tierra ha puesto la biosfera  - repetimos - al borde del colapso.  Somos una especie que no está en armonía con la naturaleza, que se ha excedido en la complacencia de sus deseos a expensas de otros seres vivos y de la Tierra que nos dio la vida.

 

La tarea de revertir esta tendencia es enorme.  Pese a reconocer el peligro que creamos, los intereses que obstaculizan el camino para hallar un equilibrio en nuestra relación con la naturaleza son impresionantes.  Gigantescas instituciones empresariales, científicas, educativas y militares consumen muchos miles de millones de dólares en bienes materiales y mantienen, estúpidamente podría decirse, un status quo paralizante que es muy difícil de revertir, pues da a veces la impresión, analizando el comercio internacional, de que el mundo no es más que un mercado gigante a repartir entre los empresarios más astutos.

 

Existen, con todo, intereses psicoespirituales que se resisten al cambio y que son quizás aún más poderosos que los materiales.  Estos intereses se reflejan en el apego a la noción de que las leyes físicas que conocemos pueden describirlo todo y que si otros seres habitaran el cosmos se comportarían más o menos como nosotros.

 

El programa estatal SETI  (Search for Extraterrestrial Intelligence)  de los Estados Unidos, que actúa partiendo del supuesto de que podría encontrarse inteligencia extraterrestre enviando ondas de radio al universo o tratando de recibir emisiones radioeléctricas de posibles civilizaciones galácticas, ilustra este prejuicio.  La posibilidad de que las inteligencias avanzadas optaran por no comunicarse con nosotros a través de una apertura tecnológica tan pequeña o limitada, buscando quizás la apertura más plena de nuestra conciencia, parece no haber pasado por la mente de sus inventores.      *  El contacto abierto - afirmaba ya Aimé Michel en los años sesenta - ha sido sistemática y temporalmente eludido, habiendo tenido lugar secretamente, pero puede haberse establecido abiertamente a nivel “espiritual”, de una manera imperceptible para nosotros, probablemente desde el psiquismo de ellos, sin que podamos percibirlo en nuestro presente.  

 

Como bien señala el filósofo Terence McKenna:  "Esperar con gran espectativa una señal de radio de una fuente extraterrestre constituye tal vez una presunción tan ligada a nuestra cultura como recorrer la galaxia para encontrar un buen restaurante italiano (1991)".   * O, parafraseando una broma irónica dicha por un miembro del Congreso norteamericano a propósito del presupuesto para financiar el SETI, podríamos añadir: si los humanos persisten en detectar inteligencia extraterrestre a partir de la posible recepción de ondas de radio emitidas por alguna estación estelar, entonces se debería iniciar una búsqueda de inteligencia entre la comunidad científica oficial de la Tierra, pues una de las limitantes físicas que debe ser aceptada en este sentido, es la de que la velocidad de la luz es demasiado lenta para la comunicación intra e intergaláctica.    Con seguridad deben existir otros medios que permitan el diálogo, como aparentemente lo  sugiere la presencia de las naves aquí en la Tierra, en lo que respecta al cómo salvar las inmensas distancias normalmente medidas en años-luz.

 

No tengo demasiado claro por qué estamos tan apegados a nuestras formas de ver el mundo.  Tal vez un paradigma científico abarcador, como cualquier ideología, dé una sensación de dominio y poder.  El misterio y la sensación de no saber son la antítesis de la necesidad de mantener el control y a veces parecen inspirar el terror que tenemos de fragmentarnos, como la rana del cuento tibetano, al enfrentar un universo demasiado vasto para comprenderlo.

 

ESTO PODRÍA EXPLICAR POR QUÉ LA ÉLITE INTELECTUAL Y POLÍTICA, EN NUESTRA CULTURA, ESTÁ MÁS PROFUNDAMENTE EMPEÑADA EN PERPETUAR LA VISIÓN MATERIALISTA  DE LA REALIDAD.  El fenómeno de la abducción extraterrestre, que afecta el núcleo mismo del paradigma occidental y nos revela que no poseemos control ninguno, es más aceptado  en el nivel llano que entre los individuos más intelectuales o culturalmente sofisticados, pues, en gran medida, la élite científica y estatal y los medios de comunicación selectos que controla, son quienes determinan qué debemos considerar como real, dado que estos monolitos son los principales beneficiarios de la ideología dominante.

 

Esta "política de la ontología" (Mack, 1992) constituye, pues, la arena primordial donde deben enfrentarse la realidad y el significado del fenómeno de la abducción por OVNI. Hasta que podamos tomar conciencia de su significado potencial para nuestra vida individual y colectiva tiene que ser tomado en serio y trasladarse de los diarios sensacionalistas a la corriente más amplia de la sociedad para que los medios de comunicación logren abandonar su tono despectivo.

 

Para nuestro gobierno y otros gobiernos del mundo, el fenómeno de la abducción plantea un problema especial.  Es, después de todo, obligación del Estado proteger a su pueblo y, para los funcionarios, reconocer que seres extraños provenientes de naves que desafían los radares y cuestionan las leyes de la gravitación y la idea misma de espacio-tiempo pueden llegar a invadir nuestras casas o secuestrar a nuestra gente creando problemas especiales.

 

Esto puede explicar por qué la política gubernamental en materia de los Objetos Voladores No Identificados ha sido, desde el principio, tan confusa: una especie de  mezcla maliciosa de negación y encubrimiento que no hace más que favorecer las teorías de conspiración.

 

El fenómeno de la abducción tiene, además, otras derivaciones políticas.  La política local, nacional e internacional es, después de todo, un juego de poder.  Buscamos el poder para dominar, controlar o influir una determinada esfera de acción. Pero el fenómeno de la abducción, al demostrar que controlar es imposible, absurdo incluso,  y revelar nuestra identidad más amplia  en el universo, nos invita a descubrir el significado de nuestro "poder" en un sentido más profundo y espiritual.

 

El conflicto etno-nacional, que deriva en definitiva del hecho de que nos definimos exclusivamente en términos regionales, parroquiales (lo que Erik Erikson denomina “pseudoespeciación”) es fuente de enorme sufrimiento y representa una gran amenaza para la supervivencia del ser humano.      *  El parroquialismo a que alude el Dr. Mack se relaciona con la ausencia, por parte de la gran mayoría de la humanidad, de una conciencia planetaria, la cual es imposible sin una conciencia de la vida.  Puede hablarse con propiedad de una incapacidad,  demostrada históricamente, para ponerse en lugar de los otros, para percibir la proximidad del otro semejante y sentirlo fraternalmente, para comprender, en fin, que la Tierra es nuestro único hogar, el hogar común de los seres vivientes que poblamos la superficie de este organismo planetario.

 

La identidad más global, interconectada, incluso, cósmicamente, que está implícita en el fenómeno de la abducción por OVNI podría, por lo menos, distraernos de nuestras interminables luchas por la posesión y el dominio de la Tierra.  En el mejor de los casos podría sacarnos de nosotros mismos y conducirnos a aventuras cósmicas potencialmente infinitas, pero todo depende de que se tome en serio el fenómeno y sus derivaciones.

 

Las derivaciones económicas del fenómeno de la abducción son inseparables de las políticas.  La pérdida de un sentido de lo sagrado, la devaluación de la inteligencia y la conciencia de la naturaleza más allá de nosotros mismos, han permitido que los más fuertes exploten los recursos de la Tierra sin tener en cuenta las generaciones futuras.

 

El crecimiento desmedido pasó a ser un fin en sí mismo, como recitan interminablemente  los informes de los “indicadores” económicos, ignorando el colapso inevitable, que no puede estar muy lejos si continúa la multiplicación descontrolada de la población humana y no se detiene el saqueo de la Tierra.

 

Si no se controla el impulso adquisitivo (eufemísticamente llamado “fuerzas del mercado”), las desigualdades en la distribución de alimento y otros bienes que quedan pueden profundizarse  y originar un caos potencial, una guerra sin límites.  El fenómeno de la abducción por OVNI no aborda este tema en forma directa.  No nos “salva”, no puede salvarnos.   Pero como veremos en un momento, parece hallarse estrechamente ligado a la naturaleza de la ambición humana, las raices de nuestra destructividad y las consecuencias futuras de nuestro comportamiento colectivo.

 

Para los secuestrados y para el resto de nosotros, si prestamos atención, los encuentros son profundamente esclarecedores en el sentido más pleno.  El fenómeno plantea, además, un problema particular para algunas religiones organizadas.  Desde los comienzos de la historia, algunos grupos de seres humanos, al reconocer el poder y los potenciales peligros de las fuerzas espirituales “externas”, asumieron la tarea de guiarnos a través de las “cuestiones últimas” (Zock, 1990) de la vida.  Los líderes religiosos nos instruyen acerca de la naturaleza de Dios y determinan para nosotros qué seres espirituales y otras entidades pueden existir en el cosmos.  La Iglesia Católica en la Edad Media, por ejemplo, en su celo por imponer una especie particular de monoteismo basado en la trinidad, suprimió de una manera muy despiadada el politeismo que veneraba la naturaleza en la mayor parte de Europa.   *  La misma suerte, podríamos añadir, corrieron las poblaciones preamericanas (o pre-kuauhtémicas, como las refiere el autoctonismo mexicano) al enfrentarse a la invasión de los españoles,  que avasallaron sin piedad, principalmente, los territorios y la cultura del  antiguo Anahuak, cuyos pobladores rendían culto a Tonanzin, la Madrecita, la Tierra-madre.

 

Es escaso el lugar que puede haber, en especial dentro de la tradición judeo-cristiana, para una variedad de seres pequeños y simples pero poderosos, que administran una  curiosa mezcla de trauma y trascendencia, sin consideración aparente por la jerarquía o la doctrina religiosa establecida.  Una cosa es reconocer que el “espíritu” habita el universo y “no estamos solos”, y otra muy distinta que “el espíritu” se muestre de una manera tan extraña y amenazadora, creada en parte a su propia imagen.  En el mejor de los casos esto resultaría desconcertante y difícil de integrar... en el peor, para la percepción polarizante del dualismo cristiano, estos seres de ojos oscuros deben parecer los compañeros de juego del diablo (Downing, 1990).  Las tradiciones  religiosas orientales, como el budismo Tibetano, que siempre ha reconocido una vasta gama de entes espirituales en el cosmos, parecen tener menos dificultad para aceptar la realidad del fenómeno de la abducción por OVNI que los monoteismos dualistas.

 

*  Las palabras del Dr. Mack parecen sugerir  que los constantes protagonistas de las abducciones representan una categoría de pequeños humanoides de piel grisásea y grandes ojos, que no la tipología de humanos rubios que se suele asociar, principalmente, con el cúmulo estelar de Las Pléyades, dentro del estudio de los contactos.

                             

* Las itálicas y los subrayados son del  autor del artículo y no del Dr. Mack.