Ya no es Necesario ‘Creer’ en los OVNIS

Por James Neff

Una vez más, a objeto de brindar a los lectores de habla hispana interesados en este aspecto específico de la temática paranormal, expresiones abiertas y serias del pensamiento actual, hemos traducido parcialmente este interesante trabajo sobre la vinculación,  manipuladora y constantemente sugerida por parte de ciertos grupos que se auto presentan falsamente como “científicos”, entre el denominado fenómeno OVNI y  la creencia, con el claro propósito de relegarlo y mediatizarlo dentro de ese territorio gris y ambiguo que representa el reino de la subjetividad, la fe ciega y la ingenuidad…

 Un NO rotundo al “Diccionario de la “Real Academia Española de la Lengua”  que –según la revista Más Allá de la Ciencia (#159-5-2002)– ha incluido la palabra OVNI bajo el marco que aquí deseamos impugnar, calificando su estudio como un “simulacro de investigación científica basado en la creencia”…  reiteramos que para estudiar este fenómeno no es necesario simular ni crear ninguna ciencia: es suficiente con aplicar rigurosamente el método científico, DIALÉCTICAMENTE, con honestidad y algo de humildad, virtudes que generalmente no caracterizan a la gran mayoría de quienes pretenden “explicarnos” el fenómeno.. 

 Nos apena como hispanoparlantes que algo tan importante para la conciencia humana como es la definición de los códigos del lenguaje, es decir, las palabras (de  nuestra lengua española en este caso), se encuentre “oficialmente” en manos de gente que ostenta tal grado de pobreza mental.

                                                                                                 Miguel Paz Bonells

 

 Siempre que oigo la pregunta “¿cree usted en los OVNIS?”, a menudo emerge un sentimiento instantáneo de frustración, que rápidamente se convierte en fatiga y en una sensación de lástima. Para la mayoría de quienes han dedicado aunque sea una parte razonable de su tiempo a documentarse sobre el fenómeno y tratar de comprenderlo, la palabra “creencia” simplemente no aplica ni aplicará jamás.  Al usarse esta expresión, el término OVNI  es reducido a la categoría de religión y aún a la de fantasía, pero nada podría ser más impreciso ni contraproducente.  No alienta la fe ni la imaginación, ni estimula ninguna mente racional el confirmar  lo que ya es una realidad demostrada: que los OVNIS existen y son tan reales como el Océano Pacífico o las Montañas Rocosas (y podrían haber estado aquí el mismo tiempo).

 

Los hechos simples indican que los OVNIS (y lo que sea que  pueda encontrarse dentro de ellos) son un fenómeno real, verificado y masivamente documentado… pero buena parte de nuestra cultura y el lenguaje perpetúan y se adhieren a la errónea noción de que estamos enfrentados a una suerte de espectro o mito, producto de la histeria o la alucinación colectiva.

 

Uno podría ‘creer’ en dragones que vomitan fuego o en hadas, a pesar de que no existe evidencia alguna de que estos existan…   Uno sólo necesita, sin embargo, revisar los hechos ahora evidentes para ver que los (llamados) ‘platillos voladores’ (no  meramente los ‘objestos voladores no identificados’), sí existen realmente.

 

Quienes saben que los OVNIS son “reales” deben hacer un gran esfuerzo para dejar de utilizar y dispensar la terminología negativa de duda inspirada en una cultura motivada por la  desinformación.   “¿Está usted consciente de los OVNI’s?” o “¿ha sido informado sobre la existencia de los platillos volantes?”, ha debido reemplazar, hace mucho tiempo, tanto en los textos como en la conversación, la consabida pregunta “¿Cree usted en los Ovnis?”

  

No le solicitemos más a las personas que “crean”.   En su lugar deberíamos pedirles a los no-informados que conozcan los hechos.  El asunto que nos habla de visitantes  a este planeta, sin importar de dónde ni desde cuando,  es un asunto tan vital como puede serlo cualquier asunto económico, geopolítico o religioso del mundo… de hecho puede ser mucho más importante.

 

Es, simplemente, un asunto de educación.  La evidencia con que contamos para demostrar la existencia de estos aparatos volantes de avanzada tecnología, aún si descartamos la fotográfica y todos los relatos de abducción y los testimonios de encuentros cercanos procedentes de ciudadanos de la más alta confiabilidad y credibilidad, es…  masiva.    Aún si descartamos los relatos de mayor credibilidad por parte de testigos presenciales, la evidencia es sencillamente enorme.

 

Estamos frente a casi un siglo de interacción por parte de ‘expertos’ con platillos volantes (y otros tipos de nave de una tecnología propulsiva igualmente inexplicable) bajo circunstancias (que podríamos calificar de) científicamente verificables y examinables.  Me refiero a las incontables interacciones de pilotos comerciales y militares con estas notables máquinas desconocidas, en situaciones en las cuales, a menudo, se han registrado comprobaciones de datos de una manera empírica.  No se podría pedir un mejor ‘laboratorio de pruebas’ para examinar el fenómeno OVNI, que la cabina de un avión militar de combate o la de una aerolínea comercial.

 

En ambas situaciones hay uno o más especialistas en el campo de las ciencias atmosféricas y aerodinámicas a bordo de un ‘laboratorio flotante’, bien equipado, con instrumentación científicamente aprobada y entendida, en capacidad de detectar y registrar marcos de tiempo verificables y puntos del espacio (altitudes, longitudes, latitudes) asociables al fenómeno OVNI.  Adicional y obviamente se da también, en innumerables casos, la verificación por radar, que representa un segundo ‘laboratorio’ de especialistas capaces, educados y  calificados para la interpretación de los datos.

 

Aparte de los pilotos en sus ‘laboratorios volantes’ y sus contrapartes de radar basados en tierra, están, también, los testimonios de los astronautas, quienes han venido detallando sus evidencias sobre los OVNIS más allá de la estratosfera.  Sólo a partir de estas tres fuentes podemos constatar cierta cantidad innegable de pruebas de la existencia de ‘platos voladores’, válidas en cualquier corte legal.

 

Los OVNIs han penetrado prácticamente todos los espacios aéreos internacionales sensibles, siendo rastreados por innumerables radares civiles y militares y perseguidos por los aviones más avanzados del planeta, incluyendo  el testimonio de nuestros pilotos mejor entrenados; hasta se les ha disparado o intentado disparar en los cielos ingleses, según los informes de pilotos referidos por la WWI.

 

Nuestros visitantes han sido rastreados a velocidades que exceden la capacidad de toda propulsión conocida y cualquier tecnología contemporánea,  desafiando totalmente las leyes de *nuestra* física.   En muchas ocasiones los ‘platillos voladores’ han desencadenado el estado de alerta en unidades militares, incluyendo nuestras fuerzas nucleares, para comprometerlas, aparentemente, en una especie de prueba en lo que respecta a su capacidad tecnológica.   Platos voladores de grandes dimensiones también han sido vistos de cerca, tanto por profesionales civiles como militares, siendo sus trayectorias verificadas por radares de tierra y aerotransportados.  Algunas personas sostienen  que los visitantes han llegado practicamente a jugar con nuestros militares… los informes de incursiones en nuestras bases SAC son particularmente extraordinarios

 

Cada día se gastan millones de dólares por parte de unidades de la fuerza aérea de las naciones más avanzadas alrededor del mundo a fin de interceptar estos fisgones voladores.  Por lo general ningún país gastaría tales cantidades persiguiendo al planeta Venus, ‘inversiones por aire caliente’ o divertidos mitos: el sugerirlo así es simplemente descabellado.

 

 Montaňas de datos e informaciones procedentes de estos civiles y especialistas en aviación militar y defensa con respecto a los OVNIS, igualan o superan la información con que contamos por parte de testigos meramente civiles y sin ninguna experticia, que sólo sirven para validar y apoyar los relatos públicos acerca de los no identificados y/o sus interacciones con ellos.  Aceptamos sin reservas la existencia de partículas atómicas y subatómicas, que sólo un puňado privilegiado de expertos en ese campo de estudio han ‘visto’ alguna vez,   utilizando la instrumentación especial más avanzada.

 

Por supuesto, existen mucho más datos ‘científicos’ y conocimiento de estas partículas que el disponible con respecto a los ‘platos voladores’  --pero los datos son los datos y las evidencias son las evidencias-- y no tenemos ningún problema en confiar y depender de la experiencia y la veracidad de los físicos y científicos involucrados.  Aceptamos la realidad de todas estas estructuras atómicas y subatómicas invisibles sin vacilación.  Y a pesar de esto, en lo que respecta a los ‘platos voladores’, no estamos enfrentados a nada invisible en absoluto.

 

Deberíamos definir el plato volador, en el mejor de los casos,   como algo transitorio, difícil y evasivo, pero sin duda también como una parte real del universo físico.  Al contrario de las partículas atómicas, las cuales se rigen por leyes ya entendidas o --por lo menos-- en vías de ser entendidas, dentro de la clara mecánica del mismo universo, con sus condiciones y medidas.   El fenómeno OVNI posee detrás una inteligencia propia.  De ninguna manera estamos en capacidad de agarrar un OVNI para examinarlo, como tampoco un relámpago… sin embargo ambos existen.  Hay fuertes indicadores, por otra parte, que sugieren la posesión, por parte de nuestros militares, de muestras de la tecnología de los OVNIs y sus tripulaciones desde hace más de medio siglo, pero tratarlo sería objeto de otro trabajo.

 

Nuestra evaluación científica pública del plato volador se asemeja más, por lo tanto, a la cacería de alguna avanzada especie de animal previamente clasificado por la ‘criptozoología’ pero, ahora, reclasificado como ‘auténtico’ debido al peso de los datos coherentes y verificables aportados por los expertos.  Como en el caso del Tigre de Tasmania, ahora sabemos que sí existen… aunque capturar uno para realizar estudios más avanzados parece ser esencialmente imposible.

 

 

Hasta aquí la traducción de la parte que nos sirve de muestra para poner en evidencia el uso deliberado, tendencioso y desinformador del término CREENCIA en la mayoría de las alusiones mediáticas al fenómeno OVNI, que tiende a impedir que el ser humano normal pueda llegar a interesarse en el estudio de uno de los más grandes enigmas que todos los seres humanos estamos en el deber de desentraňar.