Ya no es Necesario ‘Creer’ en los OVNIS
Por James Neff
Una
vez más, a objeto de brindar a los lectores de habla hispana interesados en
este aspecto específico de la temática paranormal, expresiones abiertas y
serias del pensamiento actual, hemos traducido parcialmente este interesante
trabajo sobre la vinculación,
manipuladora y constantemente sugerida por parte de ciertos grupos que
se auto presentan falsamente como “científicos”, entre el denominado fenómeno
OVNI y
la creencia, con el claro propósito de relegarlo y mediatizarlo dentro de ese
territorio gris y ambiguo que representa el reino de la subjetividad, la fe
ciega y la ingenuidad…
Los hechos
simples indican que los OVNIS (y lo que sea
que pueda encontrarse dentro de ellos)
son un fenómeno real, verificado y masivamente documentado… pero buena parte de
nuestra cultura y el lenguaje perpetúan y se adhieren a la errónea
noción de que estamos enfrentados a una suerte de espectro o mito, producto de
la histeria o la alucinación colectiva.
Uno podría
‘creer’ en dragones que vomitan fuego o en hadas, a pesar de que no existe
evidencia alguna de que estos existan…
Uno sólo necesita, sin embargo, revisar los hechos ahora evidentes para
ver que los (llamados) ‘platillos voladores’ (no meramente los ‘objestos voladores no
identificados’), sí existen realmente.
Quienes saben
que los OVNIS son “reales” deben hacer un gran
esfuerzo para dejar de utilizar y dispensar la terminología negativa de duda
inspirada en una cultura motivada por la
desinformación. “¿Está usted
consciente de los OVNI’s?” o “¿ha sido informado sobre la existencia de los
platillos volantes?”, ha debido reemplazar, hace mucho tiempo, tanto en los
textos como en la conversación, la consabida pregunta “¿Cree usted en los
Ovnis?”
No le
solicitemos más a las personas que “crean”.
En su lugar deberíamos pedirles a los no-informados que conozcan los
hechos. El asunto que nos habla de
visitantes a este planeta, sin importar
de dónde ni desde cuando, es un asunto
tan vital como puede serlo cualquier asunto económico, geopolítico o religioso
del mundo… de hecho puede ser mucho más importante.
Es,
simplemente, un asunto de educación. La
evidencia con que contamos para demostrar la existencia de estos aparatos
volantes de avanzada tecnología, aún si descartamos la fotográfica y todos los
relatos de abducción y los testimonios de encuentros cercanos procedentes de
ciudadanos de la más alta confiabilidad y credibilidad, es… masiva.
Aún si descartamos los relatos de mayor credibilidad por parte de
testigos presenciales, la evidencia es sencillamente enorme.
Estamos frente
a casi un siglo de interacción por parte de ‘expertos’ con platillos volantes
(y otros tipos de nave de una tecnología propulsiva igualmente inexplicable)
bajo circunstancias (que podríamos calificar de) científicamente verificables y
examinables. Me refiero a las
incontables interacciones de pilotos comerciales y militares con estas notables
máquinas desconocidas, en situaciones en las cuales, a menudo, se han
registrado comprobaciones de datos de una manera empírica. No se podría pedir un mejor ‘laboratorio de
pruebas’ para examinar el fenómeno OVNI, que la cabina de un avión militar de combate
o la de una aerolínea comercial.
En ambas
situaciones hay uno o más especialistas en el campo de las ciencias
atmosféricas y aerodinámicas a bordo de un ‘laboratorio flotante’, bien
equipado, con instrumentación científicamente aprobada y entendida, en
capacidad de detectar y registrar marcos de tiempo verificables y puntos del
espacio (altitudes, longitudes, latitudes) asociables al fenómeno OVNI. Adicional y obviamente se da también, en
innumerables casos, la verificación por radar, que representa un segundo
‘laboratorio’ de especialistas capaces, educados y calificados para la interpretación de los
datos.
Aparte de los
pilotos en sus ‘laboratorios volantes’ y sus contrapartes de radar basados en
tierra, están, también, los testimonios de los astronautas, quienes han venido
detallando sus evidencias sobre los OVNIS más allá de la estratosfera. Sólo a partir de estas tres fuentes podemos
constatar cierta cantidad innegable de pruebas de la existencia de ‘platos
voladores’, válidas en cualquier corte legal.
Los OVNIs han
penetrado prácticamente todos los espacios aéreos internacionales sensibles,
siendo rastreados por innumerables radares civiles y militares y perseguidos
por los aviones más avanzados del planeta, incluyendo el testimonio de nuestros pilotos mejor
entrenados; hasta se les ha disparado o intentado disparar en los cielos
ingleses, según los informes de pilotos referidos por la WWI.
Nuestros
visitantes han sido rastreados a velocidades que exceden la capacidad de toda
propulsión conocida y cualquier tecnología contemporánea, desafiando totalmente las leyes de *nuestra*
física. En muchas ocasiones los
‘platillos voladores’ han desencadenado el estado de alerta en unidades
militares, incluyendo nuestras fuerzas nucleares, para comprometerlas,
aparentemente, en una especie de prueba en lo que respecta a su capacidad
tecnológica. Platos voladores de
grandes dimensiones también han sido vistos de cerca, tanto por profesionales
civiles como militares, siendo sus trayectorias verificadas por radares de
tierra y aerotransportados. Algunas
personas sostienen que los visitantes
han llegado practicamente a jugar con nuestros militares… los informes de
incursiones en nuestras bases SAC son particularmente extraordinarios
Cada día se
gastan millones de dólares por parte de unidades de la fuerza aérea de las
naciones más avanzadas alrededor del mundo a fin de interceptar estos fisgones
voladores. Por lo general ningún país
gastaría tales cantidades persiguiendo al planeta Venus, ‘inversiones por aire
caliente’ o divertidos mitos: el sugerirlo así es simplemente descabellado.
Montaňas de datos e informaciones
procedentes de estos civiles y especialistas en aviación militar y defensa con
respecto a los OVNIS, igualan o superan la información con que contamos por
parte de testigos meramente civiles y sin ninguna experticia, que sólo sirven
para validar y apoyar los relatos públicos acerca de los no identificados y/o
sus interacciones con ellos. Aceptamos
sin reservas la existencia de partículas atómicas y subatómicas, que sólo un
puňado privilegiado de expertos en ese campo de estudio han ‘visto’ alguna
vez, utilizando la instrumentación
especial más avanzada.
Por supuesto,
existen mucho más datos ‘científicos’ y conocimiento de estas partículas que el
disponible con respecto a los ‘platos voladores’ --pero los datos son los datos y las
evidencias son las evidencias-- y no tenemos ningún problema en confiar y
depender de la experiencia y la veracidad de los físicos y científicos involucrados. Aceptamos la realidad de todas estas
estructuras atómicas y subatómicas invisibles sin vacilación. Y a pesar de esto, en lo que respecta a los
‘platos voladores’, no estamos enfrentados a nada invisible en absoluto.
Deberíamos
definir el plato volador, en el mejor de los casos, como algo transitorio, difícil y evasivo,
pero sin duda también como una parte real del universo físico. Al contrario de las partículas atómicas, las
cuales se rigen por leyes ya entendidas o --por lo menos-- en vías de ser
entendidas, dentro de la clara mecánica del mismo universo, con sus condiciones
y medidas. El fenómeno OVNI posee
detrás una inteligencia propia. De
ninguna manera estamos en capacidad de agarrar un OVNI para examinarlo, como
tampoco un relámpago… sin embargo ambos existen. Hay fuertes indicadores, por otra parte, que
sugieren la posesión, por parte de nuestros militares, de muestras de la
tecnología de los OVNIs y sus tripulaciones desde hace más de medio siglo, pero
tratarlo sería objeto de otro trabajo.
Nuestra
evaluación científica pública del plato volador se asemeja más, por lo tanto, a
la cacería de alguna avanzada especie de animal previamente clasificado por la
‘criptozoología’ pero, ahora, reclasificado como ‘auténtico’ debido al peso de
los datos coherentes y verificables aportados por los expertos. Como en el caso del Tigre de Tasmania, ahora
sabemos que sí existen… aunque capturar uno para realizar estudios más
avanzados parece ser esencialmente imposible.
Hasta
aquí la traducción de la parte que nos sirve de muestra para poner en evidencia
el uso deliberado, tendencioso y desinformador del término CREENCIA en la
mayoría de las alusiones mediáticas al fenómeno OVNI, que tiende a impedir que
el ser humano normal pueda llegar a interesarse en el estudio de uno de los más
grandes enigmas que todos los seres humanos estamos en el deber de desentraňar.